Crisis silenciosa

Al hacer uso de las posesiones materiales, el hombre debe tener cuidado de protegerse frente a la tiranía de ellas. Si su debilidad lo empequeñece hasta poder ajustarse al tamaño de su disfraz exterior, comienza un proceso de suicidio gradual por encogimiento del alma.

RABINDRANATH TAGORE

 

Se están produciendo cambios drásticos en aquello que las sociedades democráticas enseñan a sus jóvenes, pero se trata de cambios que aún no se sometieron a un análisis profundo. 

MARTHA NUSSBAUM

La filósofa estadounidense, Martha Nussbaum, lleva tiempo advirtiendo de una “crisis silenciosa” en el pensamiento occidental. Una de sus manifestaciones es la reducción de las humanidades y las artes, sobre todo, en aquellos lugares que están adoptando ideologías neoliberales que tienen una concepción mercantilista y tecnocrática del conocimiento y de la educación. Sedientos de dinero, los estados y sus sistemas de educación, producirán generaciones de máquinas utilitarias, en lugar de ciudadanos capaces de pensar por sí mismos. Se están erradicando las materias relacionadas con las humanidades y el pensamiento, no solo en las universidades, también en los centros de secundaria y primaria. Además, no solo pierden terreno esas materias en los programas curriculares, también en el corazón de los alumnos y de los padres.

Se enseña a los estudiantes a ser económicamente productivos, lo que importa son aquellas carreras que nos preparan para el mundo laboral. Según la pensadora, es una visión muy limitada de la educación, ya que es una visión basada solo en habilidades rentables, que están erosionando o ya han erosionado, nuestras capacidades para la crítica al poder o para sentir compasión por aquellas personas que lo pasan mal o están marginadas. Además, está manera de educar de forma tan utilitaria, están poniendo en peligro la salud de las democracias y un obstáculo para el desarrollo de nuestra capacidad para tratar los problemas globales complejos. Para la autora, esta crisis silenciosa, puede hacer más daño que la pandemia que estamos viviendo, me pregunto ¿si se está manifestando ya en muchos de nuestros jóvenes?

No solo hemos de alimentar el cuerpo y las necesidades cotidianas, también el espíritu y la inteligencia, no solo para proyectarnos como seres humanos, también para habitar el mundo relacionándonos con nuestros semejantes. La condición humana es un todo, cuerpo y alma, pero en esa relación con el mundo y con los demás, es una relación histórico-política. En esa proyección, necesitamos el lenguaje, la convivencia con una serie de valores y leyes y también el conocimiento para poder transmitir nuestros saberes acerca de lo que somos y del mundo que habitamos.

En el pensamiento griego, del que somos herederos directos, había una fuerte relación entre el éthos, pólis y kósmos, entre la ética, la convivencia política y el conocimiento del mundo. Ese triángulo se está desmoronando en nuestras sociedades globalizadas, donde la especialización técnico-científica, como comentaba Husserl y Ortega, han mermado la necesaria formación cultural para poder afrontar los nuevos retos como ciudadanos libres y responsables. No queremos decir que sean antagónicas, sino que ambas son necesarias. También, subrayar que muchos pensadores en el siglo XX (Horkheimer, Adorno, Benjamin y Arendt), denunciaron el triunfo de una racionalidad tecnocrática que acabó no respetando los valores ilustrados y desembocó en la barbarie de los campos de exterminio.

La humanidad se enfrenta a grandes retos, lo hemos comprobado en esta pandemia de la que nos cuesta tanto salir. Estos retos ponen en riesgo la libertad, la solidaridad, la justicia, la convivencia, pero también la supervivencia, no solo de los lugares más pobres, sino de todo este mundo globalizado. Es necesario buscar esa “razón común” que nos permita repensar la relación entre éthos, pólis y kósmos, para adecuarlo a este mundo complejo y globalizado. Necesitamos renovar el ejercicio del pensamiento, donde la filosofía, la historia, las humanidades, y no solo las ciencias y la tecnología, son necesarias para entretejer una razón común que nos permita afrontar los grandes retos en nuestras sociedades cada vez más planetarias y globales.

 Se debe desarrollar un pensamiento y una filosofía capaz de pensar el mundo, examinar la vida y hacer la ciudad (Carlos Thiebaut), que despliegue sus capacidades como mediadora entre los grandes conflictos, que sepa tender puentes entre adversarios enfrentados y entre territorios incomunicados. Una filosofía sin papeles, en tierra de nadie, que pueda seguir ejerciendo el oficio de pensar como una labor migrante, fronteriza, mestiza, híbrida, interdisciplinar e intercultural (Antonio Campillo)

La propia pensadora Martha Nussbaum, ya nos presentó algunas claves para impulsar estos retos y desarrollar una ciudadanía democrática. Para comenzar la educación no solo ocurre en las escuelas, también en la familia, sobre todo en los primeros años de vida como momento de maduración de los niños. La educación no solo nos prepara para la ciudadanía, también para el trabajo, pero, sobre todo, para dar sentido a nuestra vida.

La autora subraya la importancia de cultivar la capacidad de reflexión y pensamiento crítico para afrontar de manera responsable los grandes problemas y desafíos que sufrimos hoy. El ciudadano, debe saber cuestionar muchos de los razonamientos apresurados que se dan en nuestras democracias, analizar argumentos y juicios para establecer un diálogo fluido y adecuado sobre las diferencias políticas e ideológicas.

Es muy importante en esa educación, que el “espíritu de las humanidades”, desarrollen la capacidad de que los individuos se vean a sí mismos como seres humanos que conforman una sociedad. Comprender la pluralidad y las diferencias, en las que hay necesidades compartidas, pero también distintas dificultades. Es necesario una educación multicultural que transcienda los localismos nacionales enfocándose a los grandes problemas globales como ciudadanos del mundo. Es muy importante conocer otras culturas para poder superar cualquier sentimiento estrecho de nacionalismo para poder desplegar el diálogo entre los pueblos.

También, la capacidad de imaginación, que se cultiva con las artes, la literatura, la poesía, que pueda permitir el sentimiento de empatía, para ponerse en el lugar del otro para comprender el significado de sus sentimientos, sus deseos, sus expectativas y sus logros. La imaginación fomenta la alegría y el diálogo positivo, ya que dan una perspectiva abierta.

Las crisis de la educación, son también una crisis de las sociedades democráticas. Señala Martha Nussbaum que sería catastrófico convertirse en una nación de gente técnicamente competente que haya perdido la habilidad de pensar críticamente, de examinarse a sí misma y de respetar la humanidad y la diversidad de otros. La educación y la filosofía tienen una importante tarea, posibilitar que la humanidad entretejida en una sola sociedad planetaria, aprenda a entenderse y habitar de forma pacífica y solidaria este hermoso planeta.