Pandemia judicial

Es curioso que dos pensadores, separados por más de 25 siglo, como son Solón (siglo V a. C.) y Honoré de Balzac (siglo XIX d.C.) relacionaran las leyes con una tela de araña. El ateniense dijo: Las leyes son semejantes a las telas de araña; detienen a lo débil y ligero y son deshechas por lo fuerte y poderoso, y el francés afirmó: Las leyes son como las telas de araña, a través de las cuales pasan libremente las moscas grandes y quedan enredadas las pequeñas. Esto, creo que pone de manifiesto una larga tradición de cierta desconfianza hacia las leyes aunque en mi opinión lo que en realidad reflejan es esa siempre cuestionada relación entre la ley y la justicia, entre lo legal y lo justo, que no siempre van de la mano.

La aparición en los siglos XIV y XV de lo que se llamó el Estado Moderno, puso fin al hecho de que la aplicación de la ley quedara al capricho o el interés de los Señores Feudales, claro que pasó a manos de los reyes que siempre tenían la última palabra. Posteriormente en los siglos XVIII y XIX surge en España el Estado de Derecho[1] para acabar con el absolutismo de la monarquia y esto es lo que hoy disfrutamos o padecemos, según opiniones.

Esta figura de ‘Estado de Derecho’ supone que la soberanía nacional reside en el pueblo español y de él emanan los poderes del Estado que son, a saber, Legislativo, Judicial y Ejecutivo. Estos tres órganos de gobierno son, según la Constitución, distintos, autónomos e independientes entre sí, o al menos así debiera ser. Para intentar aclarar esas siempre polémicas relaciones entre lo legal y lo justo están los jueces, porque ya se sabe que lo justo no siempre está aparado por la legalidad y ciertas leyes pueden llegar a aplicarse de forma injusta

El caso es que esa autonomía e independencia parecen que está levantando sospechas y es que nuestra vida social y política está excesivamente judicializada. Es casi imposible legislar o gobernar sin que la última decisión sobre su legalidad (que no sobre su justicia) termine en los tribunales y las decisiones en manos de un juez. No es de extrañar el atasco judicial del que muchos se quejan.

Y por si fuera poco son también los señores jueces los que deben decidir sobre si es o no posible la aplicación de ciertas medidas sanitarias. Y digo yo, que no soy jurista, ¿esto no debiera estar en manos de los expertos en salud y políticas sociales?

Desgraciadamente a la pandemia del COVID-19 se ha sumado una pandemia judicial, porque es desde los juzgados, y no desde la Comisión Nacional de Salud Pública y el Ministerio correspondiente, desde donde se está gestionando la crisis sanitaria. Y la cosa no deber estar nada clara porque hay opiniones y jueces para todos los justos. ¿No será que este Estado de Derecho en el que vivimos tiene que ser superado?

Porque los problemas que tenemos, y los que se nos vienen encima, son cada vez más globales: acceso al agua potable (este será motivo de guerras de los próximos tiempos), contaminación ambiental, escasez de recursos fósiles, desertización, emigraciones masivas, hambre, pandemia… ¿Están capacitados estos pequeños ‘estados de derecho’, que algunos se empeñan en hacer aún más pequeños, para enfrentar estos colosales desafíos a futuro? Yo creo que no.

El Sombrerero Loco, personaje de Lewis Carroll en Alicia en el País de las Maravillas dice: ¿Sabes cuál es el problema de este mundo? Todos quieren una solución mágica a los problemas, pero todos rehúsan creer en la magia. En nuestro mundo la única mágica posible es el consenso, la cooperación y la unión de esfuerzos entre naciones, pero desgraciadamente muy pocos creen en ello.

 

[1] El Estado de derecho es un modelo de orden social por el cual todos sus miembros (incluidos aquellos que están en el gobierno) se consideran igualmente sujetos a códigos y procesos legales