Un auténtico Escolapio sube al cielo.

Gracias padre Jesús Merino por el gran testimonio de obra y de Fe. El día 27 de julio se ha reunido con su “ Empresario Mayor” como siempre decía.

Tuve la suerte de compartir lecciones y momentos durante los últimos seis años. Siempre fue el rector de la presencia escolapia en Salamanca. Tanto en el Calasanz, como en Milani, como en la Casa Escuela Santiago Uno. Referencia para toda la comunidad educativa de entrega, ni su dolorida cadera podía evitar su sonrisa, buen humor y sabiduría.

Desde luego para mí era “Piedad y ciencia”. No dejaré de asombrarme de sus diseños de colegios en África con un Excel y de los museos de ciencia que dejó con su taxidermia. Lo disfruté buscando agua con los chicos de formación profesional básica como zahorí con su radiestesia. Sus varillas artesanales cruzándose infalibles.

Era un obrero leal y cualificado de su Empresario.  Después de grandes misiones en Villacarriedo, en Colombia, etc. Cuando hace cuatro años tuve un aneurisma que me acercó a la muerte a los cincuenta años, usted me dijo que su mayor obra fue a partir de esa edad en África, Akurenam, Bata,… Prueba de ello tenemos en dos de sus brillantes alumnos guineanos. Eduardo como profesor, educador  y presidente de la cooperativa Puentesan. Olivier como educador y maestro quesero. Los dos a cargo de inmigrantes africanos sin papeles aquí en España. También me vienen a la mente otros discípulos suyos en África como mi amigo Pedro Santamaría, Daniel Hallado, Pepe Bravo, …

Para mí era un orgullo cuando me llamaba tocayo. Teníamos aficiones comunes en la naturaleza y en el compromiso con los “últimos” a los que dedicó su vida. Nunca llegaré a su nivel de trabajo, genialidad, actualización informática y bondad.

Me llamó la semana que se fue de Salamanca en lo que yo entendí una tierna y práctica despedida. Me dijo que dijera a Manel y a Eloy, sus hermanos, que mirara si había algún material de su habitación que sirviera a los chicos y lo que no, que lo tiraran. La semana anterior a su muerte hablé con mucha dificultad por teléfono con él, la morfina le hacía difícil hablar, pero fue un bonito sentimiento.

Testimonios de vida como el del padre Jesús resolverían cualquier problema de vocaciones. El carisma de Calasanz estaba impregnado en su sangre.

Cuando vino conmigo a las clases era todavía más desordenado que yo, que es muy difícil. Pero él sabía tanto que lo quería dar todo.

Ha sido un honor conocerle y aprender un poquito de usted. Me faltaba paciencia para todo lo que  hacía con admirable perfección y amor. Desde disecar un animal muerto,  encontrar agua,  soldar,  diseñar, hacer presentaciones, preparar lecciones, recopilar vídeos, hacer pan, orar  y contar grandes historias de África. Evidentemente soy un chapuzas, ni siquiera mis prisas lo inquietaron para echarme una bronca.

Un día como hoy estoy orgulloso de ser  Escolapio laico. Otra estrella guía en el cielo.