“A quienes tienen miedo a volver al mercado les digo que estamos al aire libre y cumplimos todas las medidas sanitarias”

Asegura que el miedo por la pandemia y las complicaciones situaciones económicas aún se notan entre los clientes, pero confía en que el verano deje una vuelta masiva a los puestos
Amara Salazar, responsable de un puesto de venta ambulante
Si la alimentación es uno de los grandes puntales de los tradicionales mercados semanales, la ropa es otro de esos ejes imprescindibles para completar un montaje que se convierte en todo un evento con su llegada a cada municipio de la provincia de Salamanca.
 
Esforzados vendedores, que también manejan sus rutinas laborales con gran esfuerzo y dedicación, convirtiendo el oficio en algo que, más que un sustento, simboliza la esencia de aquello que se lleva en la sangre y que, en algunos casos, ha pasado de generación en generación.
 
Un ejemplo de esto, del apoyo familiar en la labor de la venta ambulante, lo tenemos en Amara Salazar, toda una experta en asesorar a los clientes sobre las prendas que más y mejor funcionan cada temporada, llevando adelante la venta dentro de un puesto familiar. 
 
Amara explica que cada mañana suena el despertador a las siete y media, para ponerse en marcha e iniciar los preparativos para el montaje en el municipio que corresponda, haciendo semanalmente cuatro localidades como son Ciudad Rodrigo, Vitigudino, Peñaranda y Salamanca.
 
Cuatro importantes lugares, en los que parece repetirse el mismo denominador común, como es la afectación en su labor por la situación sanitaria. “En las ventas aún se nota la pandemia, falta de clien
tes y la economía no está todavía bien del todo
, se deja ver cada día” asegura.
 
Una situación que ha mermado el consumo, pero que ahora, con la llegada del verano y especialmente desde la segunda quincena del mes de julio, parece ofrecer un pequeño respiro entre tanta incertidumbre. “Ahora este mes estamos notando más gente, pero cuesta muchísimo la venta. Se siente un poquito de miedo aun, pero ven que llevamos mascarillas, que usamos gel y ofrecemos a los clientes, es algo que tranquiliza a los visitantes”.
 
Una labor, la de vivir trabajando de pueblo en pueblo, con gente diferente con la que tratar casi a diario, que lleva a tomar precauciones en el ámbito más familiar y personal ya que, tal y como asegura Amara, “la vida familiar tratamos de conciliarla, siempre con cuidado de tener distancia social sobre todo con los familiares más mayores…al final estamos todos los días con gente y sabemos que los podemos exponer a riesgos innecesarios”.
 
Una nueva realidad, que, al igual que el resto de compañeros de mercado, sigue ofreciendo imágenes de cierto respeto entre la clientela, algo sobre lo que afirma “a quienes sientan miedo les diría que estamos al aire libre, que tenemos todas las medidas y somos los mismos de siempre, los de confianza, que lo pierdan y vengan con total normalidad”.