“Nos levantamos cada día a las 7 para empezar la tarea y estamos trabajando hasta las 10 de la noche. Este oficio necesita mucha dedicación”

Asegura que en los mercadillos ahora, tras la llegada de la pandemia, echa en falta clientes y vive una situación económica complicada entre los clientes
Javier Esteban, responsable de un puesto de venta ambulante
Llega el mes de agosto, uno de los que probablemente simboliza desde siempre una actividad muy superior a la que puede registrarse en nuestros pueblos a lo largo de todo el año. Es sinónimo de un ‘no parar’, de gran afluencia de público en sus calles y plazas, pero también de un importante balón de oxígeno económico para los vendedores ambulantes, grandes protagonistas de los mercadillos que cada semana se convierten en el epicentro de la atención durante un día.
 
Pero para llegar a ver el mercado tal y como le conocen los visitantes es necesario un trabajo previo que arranca mucho antes de la venta. Este es el caso de Javier Esteban y su hermana, quienes llevan décadas visitando cada jueves el mercado de Peñaranda, para ofrecer a clientes verduras, hortalizas y frutas que, en su mayoría, vienen de sus mismos terrenos.
 
Javier Esteban, natural de Cantalpino, municipio de la comarca de Las Villas, explica que para poder ver el puesto en perfecto estado “nos levantamos a las 7 de la mañana desde el lunes y seguimos trabajando hasta que se va el sol, a eso de las 10 de la noche. Los martes tenemos la compra de fruta en el mercado, por lo que nos levantamos a las cuatro y media de la mañana, con el fin de prepararla el miércoles y poder empezarla a vender el jueves en una jornada que arranca a las siete menos cuarto de la ma?
?ana”.
 
Un comienzo al amanecer, que se repite en Peñaranda, Cantalapiedra y Medina del Campo, las otras dos citas semanales donde su puesto tampoco falta a su cita. 
 
Tres escenarios diferentes pero que hoy, con el arrastre de la pandemia y la quinta ola de contagios Covid, parece mantener un denominador común ya que, según afirma, “hoy notamos que nos faltan muchos clientes, principalmente gente mayor que, en muchos casos y por desgracia, han fallecido. Pero los que llegan, no todos, vienen con el dinero casi contado. Creo que económicamente está la cosa muy mal por lo que vemos…hay gente que no trabaja y todo repercute”. 
 
Una situación que no deja de apenarle pero que, aun así, le mantiene con cierta ilusión y fuerza por continuar en un oficio del que ya es veterano, y en el que ahora ve cómo tiene que desarrollarlo con medidas de seguridad y sanitarias que aún parecen no convencer a todos los clientes. Una preocupación sobre la que Javier es rotundo: “La gente no debe tener miedo a venir al mercado, hay medidas de seguridad de sobra, tanto las nuestras como las que ofrecemos a quienes nos visitan. Estamos además al aire libre y somos muy conscientes de que todas las medidas están para cumplirlas, así lo hacemos cada día”.