Vecinos alguna vez indeseados, pero vitales.

Calle Villar del Profeta, en el barrio de El Zurguén. A lo largo de toda la calle hay numerosos árboles “entrando” en las casas. En las calles no peatonales el problema no es tan grave, pero también existe.

La semana pasada se quejaba un vecino del barrio del Zurguén sobre una visita indeseada en su casa cuando abre una ventana: las ramas de un árbol. Puede parecer un problema menor, incluso generar gracietas en algunos, pero evidencia algo mal hecho. Y que exige solución, aunque en Salamanca esto para algunos es sinónimo de eliminar el árbol. Como a nuestro Savio Ayuntamiento verde, le cuesta entender la importancia de este SER VIVO para la vida. En un escenario de grave contaminación y Cambio Climático lo asimila a una farola, señal o papelera más, obviando su gran valor para combatir esas graves amenazas.

La Calle de Diego Pisador es un magnífico ejemplo donde el Ayuntamiento no encuentra espacio para plantar árboles, pero sí coches. Aunque estos se resistan a venir por aquí. 

Desde hace años no es extraña la queja periódica sobre la excesiva cercanía de algún árbol a fachadas de casas. En su momento fueron muy insistentes en el entonces nuevo barrio en torno a la Calle de Borneo. Es demasiado habitual plantar árboles inadecuados a escasa distancia o en lugares inconvenientes. En el caso del Zurguén, en las calles peatonales plátanos a 2 metros. Pero también hay muchas calles, incluso no peatonales, con casos parecidos en otras zonas.

El emprendedor movimiento joven “Fridays for future” en Salamanca, y la Asociación de Vecinos, parecen más decididos a replantar las laderas del Valle de El Zurguén que el Ayuntamiento. Tras décadas de abandono y cientos de árboles secos.

Diversos colectivos hace años denuncian la falta de política apropiada para la gestión del arbolado y zonas verdes urbanas. Incluso estuvimos “hermanados” con la ciudad belga de Brujas en el formidable 2002, con numerosos y sugestivos espacios verdes, un ejemplo de gestión cuando menos merecedora de conocerla. La ocasión era casi irrepetible, pero el paso del tiempo ha evidenciado el desinterés por aprender de otras experiencias enriquecedoras. Quizás el entonces alcalde, además de bicis, tampoco vio árboles.

Peñuelas de San Blas es un fastuoso ejemplo de plaza “sombreada” salmantina.

Ahora tenemos casi un arsenal de planes, programas de inversión y elementos propagandísticos varios transmitiendo la sensación de estar ante una nueva manera de hacer las cosas. Y está muy bien, avanzamos. Cuando por fin arranquen claro, de momento no pasan de vender insistentemente humo por ahí. Es de suponer que cuando todo eche a andar, y estamos perdiendo tiempo, existirá un catálogo de especias adecuadas a nuestro clima, al espacio urbano, y unos claros criterios para colocar las más apropiadas en cada lugar.

En plena era de la sostenibilidad, con Agenda 21 Local, al Ayuntamiento solo se le ocurre esto al reformar el Paseo de San Antonio. 

Quizás dejarán de poner plátanos a 2 metros de las casas, debido a la gran envergadura que alcanzan en pocos años, o plantas de muy lento crecimiento en amplios espacios abiertos. Cuando parece más adecuado al revés. Si es inevitable, en vez de cortar un árbol maduro sano se trasplantará. Por supuesto también tendrán en cuenta inconvenientes para la salud, como alergias. Habrá árboles en todos los espacios donde sea posible, repuestos al desaparecer por causas naturales, las repentinas epidemias en árboles “molestos” serán historia. Y encontrarán una solución para deshacer los muchos entuertos acumulados. Entonces tendremos una verdadera gestión de “infraestructura” verde y biodiversidad en la ciudad, y no humo.

En este tramo de la Avenida del Padre Ignacio Ellacuría, próximo a ser reformado duplicando la calzada para un tráfico que no existe, el futuro y supervivencia de esos árboles es cuando menos dudoso.

Y mientras se ponen en serio al tema, no estaría mal repiensen cosas antes de gastar dinero publico inútilmente en ello. Caso del comentado tiempo atrás Life Vía de la Plata, interesante en lo que se refiere a los caminos de acceso a la ciudad, pero incompresible respecto al tratamiento urbano de la ruta. No tiene sentido estrechar aceras para poner césped difícil de mantener e innecesario, o ganar espacio en la calzada para poner setos inútiles cuando la demanda es ensanchar aceras como en Torres Villarroel o Gran Capitán.

El programa Life propone pasar de la izquierda a la derecha, ¿después de un sesudo estudio de necesidades de la zona?. Eliminar espacio para el coche está bien, pero ¿no parece más necesario ensanchar las aceras en este caso?