85 años del asesinato del alcalde de Salamanca, Casto Prieto

Esta semana, en la que tanto ha estado Salamanca en el ojo mediático, un acontecimiento histórico de relevancia para la ciudad ha pasado desapercibido, como ha sido el 85º aniversario del asesinato de quien fuera alcalde de Salamanca, Casto Prieto Carrasco, que fue fusilado en el monte de La Orbada el 29 de julio de 1936.

 

En cuanto a quién era Casto Prieto, cabe indicar que llegó a Salamanca procedente de la Sierra de Francia, en la que había nacido en 1886, concretamente en la villa de Sequeros. No obstante, Casto llegó de forma temprana a la capital provincial, habiéndose quedado huérfano siendo un niño, pasando a criarse con sus abuelos en la ciudad de Salamanca.

 

Sin embargo, el hecho de haberse quedado huérfano no fue impedimento para que Casto estudiase en la Universidad de Salamanca, licenciándose en Medicina en 1912, un año en el que, además, contrajo matrimonio con su mujer, Ana Carrasco Robledo, que trabajaba en la capital salmantina, aunque era originaria de la localidad cacereña de Valverde del Fresno.

 

De este modo, ya casado, Casto Prieto continuó formándose, obteniendo en 1915 el título de Doctor por la Universidad Central de Madrid (antecedente de las universidades Complutense y Politécnica de Madrid, que nacieron tras la división en dos de la Universidad Central en 1970), lo que le facilitó sacar adelante la oposición para trabajar en la Beneficencia Municipal de Salamanca en 1919.

 

Y fue precisamente dicho trabajo en la beneficencia lo que acabó resultando decisivo para que Casto Prieto empezase a mostrar inquietudes de trasfondo político, escribiendo diversos artículos en la prensa salmantina en los que denunciaba el mal estado del auxilio a las clases menesterosas de la ciudad y la pésima asistencia sanitaria salmantina de aquellos años.

 

No obstante, Prieto acabó desligándose de dicho trabajo para pasar a vincularse laboralmente a la Universidad de Salamanca, donde empezó trabajando como auxiliar temporal en 1919 en la Facultad de Medicina, en la que acabó siendo reconocido como catedrático de Anatomía en el año 1928.

 

Para entonces, Prieto ya había dado muestras de tener vocación de hacer política, estando afiliado al partido Grupo de Acción Republicana que a nivel nacional lideraba Manuel Azaña. En este caso, Casto Prieto era uno de los dirigentes provinciales de dicha formación, que se integró para las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 en la Conjunción Republicano-Socialista, dentro de cuyas listas Prieto fue elegido concejal en la capital salmantina.

 

Por otro lado, en diciembre de 1931, esto es, unos meses más tarde de su elección como concejal, Casto Prieto fue nombrado alcalde de Salamanca, tras haber dimitido el alcalde socialista Primitivo Santa Cecilia (que fue alcalde entre abril y agosto de 1931) y el republicanista Fidel Olivera (que lo fue entre agosto y diciembre de dicho año). Sin embargo, Prieto no pudo poner en práctica la mayoría de sus proyectos, al ser cesado de su cargo como alcalde en octubre de 1934 por el Gobernador Civil, siendo el detonante para dicha destitución la Revolución de 1934, en la cual una huelga general de una semana de duración en Salamanca paralizó la industria y el comercio de la ciudad.

 

No obstante, si su primer periodo como alcalde no pudo llegar a los tres años por la mencionada destitución ordenada desde instancias gubernamentales, en 1936 Casto Prieto volvió a ser designado como alcalde de Salamanca, ya que el nuevo Gobierno de España, elegido en las elecciones generales del 16 de febrero de 1936, tomó la decisión de restituir a los alcaldes y concejales cesados por el Gobierno anterior escudándose en los sucesos revolucionarios de 1934.

 

Pero la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 no solamente acabaron desembocando en la recuperación de la alcaldía salmantina por Casto Prieto, sino que además implicó su elección como diputado en las Cortes Generales en dichas elecciones (tras la anulación del acta del cedista electo Ernesto Castaño), en este caso como representante del partido de centro-izquierda Izquierda Republicana, formación que logró 87 actas de diputado de las 473 que conformaban el Congreso de los Diputados.

 

Sin embargo, en este caso su periodo como alcalde fue más breve que el anterior, no llegando a medio año, dado que tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 Casto Prieto fue apresado el 19 de julio, ingresando en la prisión provincial sin mediar juicio. Unos días más tarde, el 28 de julio, fue sacado de dicha prisión, supuestamente para ser conducido a Valladolid para ser juzgado. Pero nunca llegó a haber tal juicio, ya que el vehículo que le trasladaba se detuvo en La Orbada, donde le dieron el ‘paseíllo’ a Casto Prieto (así como al también diputado salmantino José Andrés Manso), que fue fusilado en el monte de dicha localidad armuñesa el 29 de julio de 1936.

 

El asesinato de Casto Prieto (que por cierto, era amigo de Miguel de Unamuno), cuyos autores quedaron impunes del mismo, conllevó no sólo que su mujer, Ana Carrasco, se quedase viuda y en una situación económicamente delicada, sino que implicó también que a los cuatro hijos del matrimonio se les privase de su padre, y no se les permitiese realizar un digno entierro de sus restos.

 

Y es que, pese al dolor de muchas familias de nuestra provincia por no haber podido enterrar dignamente y ni tan siquiera poder desenterrar de las cunetas a sus familiares, hoy aún hay sectores que siguen manteniendo que deben permanecer miles de españoles en cunetas “para no abrir heridas”. Sin embargo, las heridas están abiertas en las familias de los asesinados, y lo que debemos es cerrarlas, no por la ideología de quien fuese asesinado, que es algo secundario, sino por la dignidad humana que se merecen todos esos paisanos, para los que desgraciadamente España no está sabiendo estar a la altura de las circunstancias.