Límites

 

Los humanos fuerzan sus límites. Es lo primero que hacen al enfrentarse con cualquier problema. Y cuando descubren dónde se hallan los límites, van buscando la información que les falta, hasta que el límite estalla. Y cuando rompen un límite, buscan el límite que hay  más allá.

 

(Larry Niven. Límites)


La noción de límite es muy potente, abarcando cuanto existe, desde el mundo físico hasta el metafísico, pasando por los seres vivos y las entidades conceptuales. Una noción vinculada además a otras tan pregnantes como las de fin, muerte, transgresión, infinitud, identidad conceptual, etcétera.
Solo la hipótesis de un único dios incluiría la nota de infinitud, la idea de algo sin límites en el espacio y en el tiempo, aunque, bien mirado, si descartamos el panteísmo, cabe suponer una diferencia –y por tanto un límite– entre Dios y su creación, entre el creador y lo creado. Ergo


Solo el ser humano es capaz de especular con estas cosas e incluso planteárselas como algo a superar. El desarrollo de la ciencia y de la civilización humana ha sido un constante transpasar límites asentados previamente (los “paradigmas” de Thomas S. Khun). Por ahí va la física explorando los límites universo y, a la vez, lo menos que minúsculo, las partículas subatómicas, lo infinitesimal. (¡Qué paradoja, la relación semántica entre estas y lo infinito!). ¿Qué hay más allá, si hay más allá? En este punto no sé si se puede afirmar que el principio de incertidumbre de Heisemberg pone un límite a lo que se puede saber a nivel cuántico o infinitesimal Las ciencias biológicas, por su parte, vienen explorando –y a veces estableciendo relaciones non sanctas– entre los límites o bordes que separan lo animal y lo humano, lo vivo y lo inorgánico, unas especies y otras. La ecología también señala límites, con su alucinante despliegue de catástrofes secuenciales, aunque los humanos los transgreden al abusar de los recursos naturales, alterar los equilibrios climáticos y los flujos de la biosfera con la atmósfera y demás.


Este querer ir más allá ha inspirado también los viajes y las exploraciones, siempre “Plus Ultra”, desde la garganta de Olduvai hasta los cráteres y valles de Marte. Anima también el espíritu olímpico, siempre buscando lo “más rápido, más alto, más fuerte”. Pero el ser humano no puede transgredir ciertas leyes físicas. (La consciencia de eso quizá ahorraría algún estrés y ansiedad a los atletas del Olimpo).  Sí puede en cambio violar otro tipo de leyes, pero no debe, lo que nos lleva al terreno inabarcable de las leyes humanas. Quizá ahí, como en ningún otro sitio, es conveniente aplicar la noción de límite y de sentido de la medida, empezando por los jueces mismos.

 

La cita que encabeza este artículo es de un relato de ciencia ficción en el que unos alienígenas plantean eliminar el límite de la muerte para los humanos, algo que, dicen, “afectaría de un modo drástico su psicología”. Pero el coste sería muy elevado y, además, alguno de los alienígenas que lo plantean ha decidido morir voluntariamente. Sus compañeros le acompañan en el tránsito al más allá y se olvidan de los humanes, como diría Mosterín.

(Folto: Simone Biles. Europa press)