Ha nacido una estrella 

Terminado mi corto período de receso periodístico, vuelvo a este rincón para dar fe de mis impresiones personales. Me habría gustado que la situación general hubiera cambiado lo suficiente como para abandonar el espíritu crítico y poder explayarme alabando un cambio confirmado. La triste realidad me obliga a continuar siendo leal a mis principios y relatar las cosas según mi particular punto de vista -que no tiene por qué coincidir con el suyo. Cuando comenzó mi interrupción, a pesar de que las cosas no iban bien, aún disfrutábamos de un relax sanitario, fruto de otra boutade de Sánchez que ha contribuido, en buena medida, a que los españoles menos responsables abandonen las más elementales medidas de seguridad y faciliten un aumento descontrolado de los contagios y el consiguiente colapso de los centros hospitalarios.

            Ni los importantes cambios habidos en el gobierno han sido suficientes para cambiar el rumbo de una política desnortada. Se sigue acudiendo a los mismos ardides de siempre. Ante un bache de impopularidad, este gobierno saca de la manga un asunto más o menos populista, que pueda distraer la atención del ciudadano preocupado. Así, para paliar las consecuencias del paseíllo junto a Joe Biden, Sánchez monta un viaje a la América del espectáculo, para que los yanquis se enteren de cómo se hace una película. No he tenido la oportunidad de leer su famosa tesis y desconozco si en ella existe algún capítulo dedicado a la Escuela de Películas del Oeste en el desierto de Almería. Algo parecido debe tener in mente para amenazar a Norteamérica con la conversión de España en el Hollywood de Europa. A juzgar por las personalidades que le han recibido, parece que no debemos esperar muchos contratos para nuestras empresas. Quiero pensar que los artículos aparecidos en la prensa norteamericana no hayan supuesto ningún desembolso de nuestros fondos. No sería la primera vez. De varios medios nacionales no tengo la menor duda.

            Ahora me explico la razón de que, en mi último viaje a USA – diré para no engañar que también fue el primero-, ninguna dama americana se dignara pararme en plena 5ª Avenida para darme un beso y un abrazo ¡Y mira que exhibí mi body varias veces! Fue inútil. Cometí la torpeza de viajar sin gabinete de propaganda, sin cuidar demasiado mi vestimenta y visitando lugares que Pedro Sánchez ya debía conocer. Confieso que la única mujer que me besó fue mi esposa, pero, casualmente, no había cámaras para inmortalizar la escena. Viviendo y aprendiendo. ¡Ah! Se me olvidaba decir que mido 1,65, tengo 81 años, no suelo mentir y, cuando alguna vez lo hago, no me encuentro cómodo. He tenido que ver a nuestro Presidente en los noticiarios para darme cuenta de lo torpe que he sido.

            Entre las muchas responsabilidades que asumen los gobernantes de un país, además de velar por el bienestar de sus conciudadanos, está la de representar dignamente la imagen de su pueblo. Un político puede ser más o menos eficaz a la hora de plasmar su programa, pero el error que nunca debe cometer es aprovechar sus visitas a otros países para convertirse en el hazmerreír de sus interlocutores. A pesar de que en España aún quedan personas capaces de dejarse engañar por Sánchez, fuera de aquí ha acumulado méritos suficientes para fascinar a pocos dirigentes. Basta con que comprueben las continuas llamadas al orden que se le hacen desde Bruselas, y lo remiso que se muestra para cumplirlas.

            Si nuestra economía no levanta cabeza –a pesar del excesivo entusiasmo que se respira en La Moncloa-, no es mejor nuestra situación sanitaria. Las numerosas “cornadas” que le propinó el toro de la pandemia en los primeros momentos han bastado para que huya despavorido antes que volver a asumir cualquier responsabilidad que le obligue a tomar una medida restrictiva. Las autonomías carecen del necesario soporte jurídico que faculte su actuación, pero Sánchez está completando su particular casting y no se le puede molestar. Me sentiría muy orgulloso de tener un Presidente que fuera reconocido, escuchado y agasajado como se merece el representante de una nación que ha escrito gloriosas páginas en la historia de la humanidad. Sin embargo, debo constatar cómo se muestra egocéntrico, ambicioso, mentiroso e irresponsable. Él nunca será una verdadera estrella de la política. Sin embargo, el protagonista de esta película llamada España puede acabar estrellándola.