El robo de la iglesia de Vilvestre de 1889

A lo largo del tiempo, han sido numerosos los hurtos que se han sucedido en nuestra tierra, no habiendo sido ajenos nuestros monumentos a este tipo de delitos, algunos de forma más reciente, y otros de forma más alejada en el tiempo, siendo la iglesia parroquial de Vilvestre uno de los monumentos que sufrió en Las Arribes un robo en el siglo XIX.

En este aspecto, el 7 de diciembre de 1889 la villa de Vilvestre se levantó sobresaltada al comprobar que el lugar más sagrado de la localidad, la iglesia, había sido forzada, siendo robadas de la misma diversos bienes, estimándose que el robo tuvo lugar en torno a las seis de la mañana.

En cuanto a los bienes usurpados, la prensa salmantina de la época relataba el 10 de diciembre de 1889 que los ladrones robaron del templo vilvestrino “un cáliz tallado, un par de vinajeras con su platillo, dos crismeras, la concha de bautizar, un copón liso, la corona, el rostrillo y media luna de Nuestra Señora del Rosario, la cruz del estandarte de plata, la corona de la Reina de los Ángeles, media corona de San Antonio y la cruz del estandarte de la cofradía de San Antonio”.

 

Asimismo, los delincuentes dejaron tras de sí un rastro palpable de su acción, pues abandonaron desperdigados por la iglesia varios objetos de metal que custodiaba el templo, al considerar que carecían de valor, habiendo aparecido descerrajadas todas las arcas que albergaba la iglesia parroquial de Vilvestre.

Ante dicho suceso, de forma inmediata la justicia abrió una causa, iniciando la Guardia Civil una investigación para dilucidar quiénes habían sido los autores del robo, con vistas también a recuperar los objetos sustraídos por los ladrones. De esta manera, el semanario vitigudinense El Avanzado informaba el 12 de diciembre de 1889 de que el Juez Estanislao Sala había dado “las órdenes oportunas para la captura del autor o autores del sacrílego robo y hallazgo de los objetos robados, esperándose del celo que dicho digno funcionario acreditó y desplegó en los Juzgados de Alcañices y Ledesma, que no tardarán los reos en hallarse bajo la acción de la justicia”.

Y tal y como premonizaba el semanario vitigudinense, la investigación dio sus frutos en corte espacio de tiempo. Así, el 16 de diciembre el diario salmantino El Fomento informaba de que, tras las pesquisas dirigidas por el teniente Bayón de la Guardia Civil, habían sido conducidos a la cárcel del partido judicial de Vitigudino tres hombres como autores del robo en la iglesia de Vilvestre, los cuales residían en Mieza y Vilvestre, y trabajaban dos de ellos como carpintero y herrero.

Pero estos tres detenidos no fueron los únicos implicados en el robo de la iglesia de Vilvestre a tenor de las investigaciones policiales. Por ello, el 17 de diciembre de 1889 el periódico salmantino El Nuevo Progreso indicaba que otras tres personas “a quienes se les atribuye complicidad en el sacrilegio”, habían abandonado su localidad de residencia, que en este caso era Barruecopardo, señalando sobre estos tres que eran “todos de oficio quinquillero”.

Sin embargo, los tres fugados no escaparon al buen hacer de la Guardia Civil, que acabó poniéndolos a disposición judicial en pocos días, informando de su detención y encarcelamiento El Adelanto de Salamanca el 22 de diciembre de 1889, en un robo que alcanzó incluso las páginas de un periódico nacional como La Correspondencia de España, que el 18 de diciembre de 1889 informó de este acto delictivo acaecido en Vilvestre.

Afortunadamente, dicho delito finalizó con la detención de los culpables y la recuperación de lo robado. Sin embargo, no fue la última ocasión en que hubo un robo en un templo en Vilvestre, pues el 25 de octubre de 1890 varios mozos sustrajeron de la ermita de San Sebastián de la localidad la imagen de San Gregorio, entrando por una ventana, tal y como señalaba El Avanzado de Vitigudino el 30 de octubre de 1890. No obstante, en este caso se trató más bien de una especie de broma, dejando el santo frente a la puerta de la casa de una vecina, a la que llamaron, saliendo corriendo seguidamente, encontrándose la misma de frente con el santo al salir de su casa tras dicha llamada.

En todo caso, nuestra zona se caracteriza, gracias a Dios, por la tranquilidad y la ausencia de delincuencia como tónica general, siendo casos como el robo de la iglesia de Vilvestre de 1889 raras anécdotas de nuestro devenir histórico.