Avisos alarmantes que esperan respuestas

Estamos transitando por un verano que bien podríamos calificar de extremos, en lo que a calor, fuego e inundaciones se refiere. Olas de calor desconocidas, megaincendios que generan su propio clima, lluvias intensas y persistentes que provocan inundaciones desastrosas y mortíferas.

Fenómenos meteorológicos extraños que corresponden a otras latitudes. La ola de calor que azota a parte de Estados Unidos, Canadá y Siberia, donde se han alcanzado los 50 grados de temperatura, es propia de Oriente Medio en el mes agosto. El infierno parece que se ha adueñado del Hemisferio Norte.

Son alertas alarmantes del planeta que esperan respuesta de todos los habitantes del orbe. Avisos rojos que se vienen produciendo en los últimos años, cada vez con mayor frecuencia e intensidad. Es cierto que cuando se vuelve la vista atrás, con frecuencia se encuentra algún dato que indica que, en tal fecha, se produjo algo parecido, y no pasó nada, o nada significativo. A ello se agarran los negacionistas del cambio climático, para no hacer nada o tratar de impedir que se haga algo.

Las manifestaciones extremas del clima son una demostración palpable del tipo de retos a los que se enfrenta la Humanidad. La comunidad científica vaticina un incremento de los fenómenos naturales adversos, con un incremento de la frecuencia y de su intensidad. Los acaecidos en los últimos tiempos, aportan evidencias de que el calentamiento global agrava las manifestaciones extremas del clima que nos envuelve.  

Los servicios de meteorología nos recuerdan que en el pasado 2020 sufrimos tres intensas olas de calor. Que a finales del pasado mes de junio una ola de calor abrasaba parte de Canadá y del noroeste de Estados Unidos, dejando unos 200 muertos.

En el extremo opuesto del clima, intensas olas de frio congelan continentes y llegan a latitudes antes no alcanzadas. Ahí está el fenómeno Filomena del pasado invierno. 

Fenómenos meteorológicos que, con frecuencia, no entienden de razas, situación social o de nivel de desarrollo. Se ceban tanto en las zonas más ricas como en las más pobres, provocando catástrofes como las más recientes inundaciones de China y de centro Europa. 

Países desarrollados como Alemania, Holanda (Países Bajos) o Bélgica, se han visto invadidos por desconocidas inundaciones que se han llevado por delante más de un centenar de vidas y cientos de desaparecido. Sorprenden sus dimensiones, su intensidad y su extensión, para esas latitudes, alcanzando hasta 154 litros por metro cuadrado en 24 horas, frente a los 80 litros habituales para todo el mes de julio. Esa intensidad de lluvias, lloviendo ya sobre mojado, generó tal acumulación de agua y de corrientes, capaces de arrancar y llevarse casas enteras o destrozar vías de comunicación, ante el pavor de la población, por algo nunca visto en esos territorios. "Esto es más que una inundación. Esto es un apocalipsis", llegó a decir Cornelia Wiegand, alcaldesa de Altenahr en el estado alemán de Renania-Palatinado. El resultado provisional de este fenómeno natural en Europa Central, son más de 200 muertos y miles de desaparecidos.

La ola de calor histórica y peligrosa que el 9 de julio alcanzó los 54,4° en California, generó tal sequía que alimentó decenas de incendios de dimensiones e intensidad titánica que, incluso, generan su propio clima abrasador, con influencia en cientos de kilómetros. El humo procedente de esas conflagraciones, cruza EE.UU. y provoca una mala calidad del aire en ciudades del este como Nueva York y Washington.

Las altas temperaturas que en su conjunto está soportando Rusia y Siberia en particular, son las más calurosa y extremas en decenios, provocando grandes incendios en distintas zonas del país. Ocho regiones han declarado el estado de emergencia. La superficie asolada por el fuego supera el millón de hectáreas, y parte de Escandinavia soporta las columnas de humo de Siberia, que afectan a la calidad del aire que respiran sus habitantes.

En China, devastadoras inundaciones azotan una de las provincias más pobres del país, dejando decenas de muertos y de desaparecidos. Inundaciones en el metro de la ciudad de Zhengzhou, dejaron a pasajeros atrapados, con el agua al cuello. Miles de personas hubieron de ser evacuadas tras el record de lluvias.

La ola de calor de Canadá, los incendios devastadores de California y de Siberia, las impresionantes inundaciones de Europa y de China, antes citadas y otras, ponen de manifiesto que nadie está a salvo de los efectos devastadores de las manifestaciones climatológicas extremas, que dejan trágicos balance en bienes materiales y en pérdida de vidas humanas. El medio ambiente nos recuerda que somos más vulnerables y frágiles de lo que nos creemos.

Según un análisis realizado por un equipo internacional de destacados científicos climáticos, estos fenómenos naturales habrían sido, prácticamente, imposibles, sin la influencia del cambio climático, causado por los humanos. El cambio climático ya está aumentando la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, y, se ha demostrado, que muchos acontecimientos aislados han empeorado con el calentamiento global.

Las consecuencias del cambio climático van más allá de la expansión de los desiertos, de hacer más inhóspitos los lugares secos; provocar más huracanes y más intensos; quemar montes o inundar las tierras. También genera epidemias, merma la vida en el planeta, incrementa el sufrimiento y la muerte de seres humano y hasta amenaza su existencia como especie. El clima es un gran sistema complejo que interactúa como un todo en el conjunto del planeta y sus alteraciones climáticas pueden afectar en cualquier lugar o espacio.

Parece que la sociedad empieza a tomar conciencia de ello, pero estos avisos alarmantes nos están diciendo que hay que hacer más, avanzar más rápido, actuar con urgencia en la descarbonización de la actividad económica y del consumo, de tal forma que se reduzcan rápida y de forma drástica las emisiones que provocan el efecto invernadero, si no queremos perecer.

Las instituciones y el mundo han de prepararse, prepararnos, para actuar y coordinarse ante la emergencia climática y las catástrofes por efectos físicos o epidemiológicos del clima.

Les dejo con Albert Hammond  It never rains in southen California

                                                                                                  Aguadero@acta.es