¿Desde cuándo?

Ya te responderé, le dije a mi amigo Antonio. Aquel día, cruzábamos la carretera para colarnos por el camino de Mancera. Y salió el comentario de cómo las calzadas, los caminos y las sendas unían unos pueblos con otros, y que no se usaba el término carretera tal como ahora, sino que se decía carrea: carreamolino, carreamancera, carreapeñaranda, carreasantiago, carreallano...; y, como todavía seguimos nombrando a la “calzá de los recueros”, ruta que pateaban las recuas de caballerías, que se dirigían a la feria de Medina de Campo, procedentes de las provincias de Ávila, y de allende del puerto del Pico: Extremadura; y la “calzá de los recueros” también fue noble, porque fue elegida por el séquito de Carlos V, cuando decidió retirarse, por vida, a Yuste; momento que utilizaron los macoteranos para conocer, en carne y hueso, a un Emperador, que fue dueño de medio mundo. Desde entonces, Macotera no ha tenido ocasión de tener tan cerca a un rey, salvo, en aquella contingencia, en la que Alfonso IX de León, quien ordenó la repoblación de nuestras aldeas, en la primer periodo del siglo XIII, visitó la villa de Santiago de la Puebla, el 7 de marzo de 1226.

Y cuando nos adentramos un poco más en el camino de Mancera, le señalé la instalación ganadera, que regenta mi amigo Santi, lugar que, hasta principios del siglo XVIII, ocupó la ermita de san Gregorio, aquel Santo que fue patrón de la juventud, y a quien los mayordomos de las cofradías del Santísimo Sacramento y de Nuestra Señora del Rosario pedían prestado el tamboritero, contratado por los mozos para el baile de los domingos, para armonizar el baile de las danzas en las festividades del Corpus y del Rosario, y que ha dado nombre a la calle, plaza y charca de san Gregorio.

Y, enfrascados en estos recuerdos, Antonio me interrumpió: ¿desde qué momento el término carrea, pasó a llamarse carretera? Desde que alcanzó la mayoría de edad.

Y, en estas andanzas andaba, cuando mi mente se desvió de la senda y rebuscó en los anaqueles de sus recuerdos, y dio con la obra de Fernando Colón, hijo de Cristóbal, “Descripción  y Cosmografía de España”, un exhaustivo itinerario en el que describe todos los caminos de país; y, por su interés para nosotros, me he detenido en el trazado que nos dirige de Alba de Tormes hasta Madrid.

“De Alva hasta Madrid ay XXXII leguas, vase por Pedrosyllo, a Macotera, a Bóveda, a Salvadiós, a Ximehalcón, a Castro Nuevo, a Pascual Grande, a Villanueva de Gomes, a la Puebla, a Labajos, a Villacastín, a las Navas, a Espinar, a Guadarrama, a la torre de los dones (Torrelodones), a Aravaca”.