Encontré el amor de mi alma

“"Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene".

Sal, 62

 

“María estaba fuera llorando, cerca del sepulcro. Con las lágrimas en los ojos, se inclinó a mirar el sepulcro. Y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde estuvo colocado el cuerpo de Jesús. Le dijeron ellos: “Mujer, ¿por qué lloras?”. Respondió ella: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”.

Jn 20, 11 - 14

Cada 22 de julio en Occidente y en la mayoría de las Iglesias orientales, se celebra la fiesta de María Magdalena. Fue una de las fiestas más importantes, en ella se recitaba el credo de Nicea, algo que solo ocurría los domingos y en las fiestas de los Apóstoles. La celebración se ha mantenido constante desde el siglo X, se celebraba en Constantinopla, donde se creía que habían sido depositados sus reliquias procedentes de Éfeso. Desde el siglo XI su fiesta se difundió en Roma y en Occidente. En el misal de Letrán en el siglo XIII se funde su nombre con otras mujeres del Nuevo Testamento, como la pecadora que unge los pies a Jesús, la mujer adúltera e incluso con María de Betania, recogiendo la herencia del papa Gregorio Magno en el siglo VI y cuyo equívoco ha llegado casi a nuestros días.

Según el evangelio de Lucas, María Magdalena, no se dedicaba al comercio sexual, como tradicionalmente se ha presentado, incluso en el arte y la iconografía. Fue librada de siete demonios, es decir, fue curada por Jesús de algún tipo de enfermedad muy grave, física, mental o espiritual, donde había perdido todo el sentido total de su vida. Después de esta curación se pondrá al servicio de la buena noticia de Jesús, lo dejará todo y, se hará seguidora y discípula, entregando sus bienes a la misión evangélica. Posiblemente fuera una de las primeras mujeres en seguir al grupo de Jesús y tenía un rol importante dentro del grupo de las mujeres, aparece nombrada en todos los evangelios y el orden de aparición en los textos no es casual. Con el Maestro, al igual que los otros discípulos, le acompañó por pueblos y aldeas y, aprendió los nuevos valores del reino de Dios que guiarán la vida entre las personas y con Dios, humanizando la existencia

Por otro lado, María Magdalena, es la única de las mujeres del Nuevo Testamento que no es definida respecto a la pertenencia a un varón, marido, hermano o hijo (María de Cleofás, María de Santiago). Magdalena hace referencia a su lugar de pertenencia, Magdala, una ciudad a orillas del lago de Galilea, cerca de Tiberiades, dedicada al comercio de mercancías con otras ciudades cercanas, destacando las empresas pesqueras y la salazón de pescado. Parece que María Magdalena, junto con otras mujeres ricas de Tiberiades, también curadas por Jesús, como Juana mujer de Cusa, administrador de Herodes, o Susana, asistían con sus bienes al grupo. No era un mero papel doméstico, sino que debió ser algo parecido a lo que hacían los varones, ya que el “servicio” era una obligación para todo discípulo.

María Magdalena destaca de una forma especial, no sólo estará presente a los pies de la cruz en la pasión, sino que se convirtió en la primera testigo y anunciadora del Resucitado (Jn 20, 1.11—18). María en la soledad de la noche, después de ser testigo de la crucifixión, acude al sepulcro. Es en la oscuridad de la muerte y las tinieblas de la pérdida, donde encontrará el acompañamiento de Dios para superar los miedos y encontrar la luz del resucitado: “Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo...” (Sal 23,4).

María recibirá el apelativo “apóstol de apóstoles”, que es utilizado por los primeros Padres de la Iglesia. Santo Tomás de Aquino le dedica un bello comentario: “Así como una mujer había anunciado al primer hombre palabras de muerte, así también una mujer fue la primera en anunciar a los apóstoles palabras de vida” (“Super Ioannem”, 2519). Su testimonio sobre las últimas horas de Jesús y sobre la suerte de su cuerpo es fundamental para los seguidores de Jesús y las comunidades posteriores.

María Magdalena parece que fue un discípulo muy especial en el plano espiritual, no solo recibe el encargo de anunciar la resurrección a los apóstoles, ella misma es signo de la llegada del Reino que Jesús anuncia no sólo con palabras, también con diversos signos. María, con su curación, experimentó una liberación radical, haciendo suya la causa del Reino, por lo que será incluida dentro de los discípulos caminando con ellos junto a Jesús. Los verbos seguir y acompañar, que aparecen en los evangelios refiriéndose a María Magdalena, tienen una connotación de adhesión personal y seguimiento.

María Magdalena, es un modelo de creyente para el cristiano de hoy.  A veces, no es fácil "ver a Jesús" o reconocerle en nuestra vida de cada día, a pesar de la eucaristía y la oración. María atravesó la noche oscura y tocada profundamente por el Maestro, hace que despliegue un amor y una confianza en Jesús, que hace que sea la primera testigo de la resurrección. Hay un fuerte paralelismo entre la esposa del Cantar de los Cantares, que "busca al amado de su alma: lo busca y lo encuentra", con María Magdalena.  Antes del amanecer, marcha al sepulcro de Jesús y se encuentra desolada por la ausencia del cuerpo, pero en el encuentro con el resucitado, tiene una explosión de gozo: "Encontré al amor de mi alma”. Esa búsqueda de María Magdalena tiene su recompensa y debería ser un retrato de nuestra apertura a Dios.