¡Dios Tauro: Salva esta fiesta!

Cerca de dos temporadas en muchos casos, es tiempo de un paréntesis harto difícil, para volver a coger el ritmo, la confianza, la alegría, el ritmo, el latido y recuperación de una adormecida afición y público que acompañe  a ocupar los tendidos de nuestras centenarias plazas
Prácticamente se han iniciado varias ferias en esta temporada taurina, no con el auge, con la alegría, y con el publico aficionado acudiendo a los tendidos, es evidente, que sigue habiendo miedo de contagios, que la pandemia aún sobrevolara algún tiempo más en las mentes de los ciudadanos, y es también evidente, que los públicos una vez que salen de las plazas, es muy difícil hacerles volver a ellas, por eso ahora se hace más necesario, evocar al aficionado de verdad, si, aquel que desde hace tiempo es minoría en los tendidos, aquel que tuvo que callar ante la eclosión de espectadores ayunos de las reglas básicas y elementales del toreo, y que les parecía que todo aquello que se estaba realizando en las faenas, en las suertes y en la lidia era todo divertido, aplaudible y merecedor de los trofeos cortados de aquella manera, y que los presidentes, no se andaban con remilgos a la hora de concederlos, haciéndose participes del triunfalismo pueril y desorbitado, y poniendo en solfa la plaza, la fiesta y su seriedad, ahora está demostrado que esos espectadores se van, se alejan de las plazas, no les cuesta nada renunciar, al fin y al cabo iban a los toros por el que dirán, por no demostrar que le iban mal los negocios, o porque su círculo de amigos asistían a los toros, añádanle, a los críticos y comentaristas, muchos de medio pelo, maestros de ceremonias, que todo les parece sublime, seguidores del amiguismo, unidos, a esa masa de aduladores que les acompaña, y le regalan los oídos, abrazos y fotos sin ton ni son.
 
 Y así vemos por algunas plazas que tan solo van asomando los aficionados de verdad, exigentes, intransigentes si quieren, pero que aman, sienten y se emocionan ante este espectáculo cargado de grandeza, de cultura, de historia, de personajes, de campo y de leyenda etc. Ante este panorama, ya se ha visto en algunas plazas de relevancia, que aquel público que iba a divertirse a los toros, se ha evaporado, y carteles y toros que antes eran de “postín” y taquillazo, se han visto relegados, a una función menor, y con estas premisas las empresas, no se exponen a unas pérdidas importantes, y ni a fijar ferias y cartelería de largo recorrido, además con figuras, donde alguna de ellas,- ha pasado lo que con el público y el aficionado cabal-, que aunque les sigan tocando las palmas, cansan, aburren, no emocionan, no hay competencias, no dejan entrar a nuevas caras, y algunos que pasaron, lo hicieron tras años de lucha para ahora ser considerados, y codearse con las engoladas figuras. 
 
Por lo tanto es la
hora de reflexionar. Cerca de dos temporadas en muchos casos, es tiempo de un paréntesis harto difícil, para volver a coger el ritmo, la confianza, la alegría, el ritmo, el latido y recuperación de una adormecida afición y público que acompañe  a ocupar los tendidos de nuestras centenarias plazas. Este espectáculo, siempre ha vivido de la emoción, de la gallardía, de las competencias, de la mirada retadora, del gesto, del valor, y gatos en la barriga. Algo que las empresas, ganaderos, toreros representantes, medios de comunicación y consistorios de las ciudades, tendrán que meditar mucho, porque el publico en general comienza a alejarse de las plazas, y sospecho que continúe su descenso, si el espectáculo no recupera su verdadera prestancia, emoción y brillantez. Ha sido  muy pocos alicientes en provincias, y en las plazas de primera, las que han de marcar la pauta, equilibrar la temporada y mantener cierto nivel de exigencia con el fin de que esto no se “desbarre” más, he visto de nuevo otorgar trofeos, con faenas en un tono mediocre y vulgar, se han descubierto muy pocos alicientes con escasas y esporádicas excepciones, de lucimiento. El tiron que aportaba algún torero tampoco tuvo reconocimiento en taquilla, y alguna de las primeras figuras no tuvo el aluvión de publico de años atrás. Seria de ciegos, no reconocer que, aficionados, empresarios, ganaderos incluso, más de un torero, sienten que algo esta ocurriendo, que la luz roja de alarma se enciende. Todo este “empacho” de vulgaridad, esta llegando a los responsables de los medios sobre todo televisivos, que se piensan, sino es a la baja, retransmitir corridas de toros. Cierto que algo sea despertado, que se están potenciando novilladas, se acude a los pueblos con estrecheces económicas, que estamos culturizando a jóvenes, e invitando a conocer la historia taurina y otra serie de eventos, en las redes sociales… Todo está bien bienvenidas sean cuantas más ideas, iniciativas y foros donde se pueda hablar, debatir, sentir y palpar afición. A buen seguro, que vamos tarde, este movimiento debería haberse tenido en cuenta mucho antes, algunos llevamos veinticinco años, moviendo jóvenes, organizando certámenes, invitando a escuelas, tentaderos y clases prácticas donde los chicos pueden establecer competencias, y tener una sustanciosa recompensa, a mayores de hacer notar sus cualidades… Apenas nadie nos ha tenido en cuenta… si acaso alguna “zancadilla”, alguna envidia, o mal gesto… total; esto era cosa de cuatro chalados. Menos mal que en la historia taurina siempre hubo chalados… Ya te digo...