Tiempo de pandemia y tiempo de pandemias. La del Covid, pero tantas otras.

Frente a la pandemia de los extremismos, de tener que decidir solo entre blanco y negro, de la confrontación, la crispación, la dentellada como costumbre, necesitamos la vacuna de la sensibilidad del artista que descubre matices y claroscuros , y la de ponerse en el lugar del otro, de tratar de entender para aglutinar, de saber perder para ganar.

Frente a la pandemia del aislamiento, del “cada uno en sus asuntos”, de convertirnos en zombis sociales, de la mirada continua al propio ombligo, necesitamos el antídoto del proyecto común, del sueño colectivo. De crear grupo, amigos, comunidad, familia. De escuchar de forma activa, de tender puentes.

Frente a la pandemia de la superficialidad de las relaciones, de las apariencias, de la anestesia y el engaño de la propia imagen en las redes y en tantos foros, necesitamos redescubrir la importancia de las relaciones en la vida, del encuentro real entre personas sin maquillaje, sin caretas, sin disfraz de que todo es genial, de la acogida e la fragilidad del otro. La vacuna de a la autenticidad.

Frente a la pandemia del hacer y decir lo mínimo, del conformismo de aceptar cuatro migajas de libertad, de no salir de “las cosas son así”, de ser borregos de la manada, la vacuna de la excelencia de dar lo máximo y mejor, de luchar y combatir, de no rendirse antes de librar batalla, de ser mejores en lo que hacemos. De saber que si me equivoco, lo puedo reconocer y seguir adelante.

Frente a la pandemia del sueño de ser más guapo, más rico, más poderoso y más famoso, la vacuna de disfrutar más de cada día, de valorar los pequeños detalles, de ser agradecido, de vivir la rutina con pasión como si fuera “fiesta de guardar”.

Nos sobran cobardes, traidores y aprovechados. Nos hacen falta hombres y mujeres valientes, que miren a los ojos cuando hablan, que construyan, que sumen, que aporten, que propongan.

Nos sobran quejicas, malhumorados y gente que se lamenta por todo y por eso estamos a deseo de personas positivas, que reconociendo las dificultades descubran en ellas oportunidades, críticos sí criticones no,  personas con buen humor y buen amor.

Nos sobran expertos en todo, solucionadores,  listos y vendedores de verdades que ocultan mentiras. Necesitamos personas que dialoguen, que lean más, que sean humildes, que busquen la paz, dispuestos a aprender cuando saben poco, dispuestos a enseñar cuando saben mucho.

Nos sobran mantenidos, chupópteros, jetas, acomodados y mediocres. Nunca hemos necesitado tanto personas con actitud de servicio, currantes en lo que sea, luchadores y competentes. Gente con capacidad de esfuerzo y sacrificio, dispuestos a dar, dispuestos a darse.