Diosas V. Itzpapálotl ¿La Catrina?

La palabra ‘azteca’ proviene de la lengua del pueblo nahua y significa "la gente de Aztlán", un lugar mítico. Con esta denominación nos referirnos a un amplio grupo de pueblos que habitaban Centroamérica a la llegada de los españoles. Hoy nos vamos a detener en una original diosa de su mitología y les advierto que si los nombres hindúes de la pasada semana resultaban difíciles de pronunciar, los aztecas son prácticamente impronunciables.

"Cuando un guerrero muere, su alma se convierte en mariposa para acompañar a los que aún siguen luchando". Así reza una oración a Itzpapálotl, la diosa madre de la guerra, de los sacrificios humanos y patrona de la muerte.

Es una vieja y sabia hechicera, pero también agresiva y valiente. Su largo pelo negro, trenzado como los guerreros, su cabeza de buitre con el rostro maquillado de blanco y un cuerpo de mariposa[1] cuyas alas están cubiertas de cortantes cuchillas de obsidiana, junto a sus garras de águila y jaguar, le confieren un aspecto aterrador pero, no obstante, es tan temida como amada. Además tiene un manto con el que puede hacerse invisible a los ojos humanos.

Según cuenta la leyenda habitaba en el paraíso de los dioses y un buen día paseando por el jardín arrancó algunas rosas, la planta se rompió y de ella brotó sangre. Tonacatecutli (dios de la creación) y su esposa se enojaron y la expulsaron a la Tierra acompañada de una multitud de escorpiones y sapos. Algunos dicen que, para vengarse de este exilio forzoso, devora a los seres humanos durante los eclipses de Sol y dado que murió al dar a luz a su hijo Mixcóatl, es protectora de las almas de las mujeres que fallecen durante el parto[2] y cuyas almas lloran por los caminos, los bosques y las praderas en busca de sus hijos, por esto los españoles llamaron a Itzpapálotl ‘La Llorona[3].

Murió luchando contra un dios menor y fue incinerada convirtiéndose en una de las estrellas que acompañan al Sol, astro con el que está relacionada una buena parte de la mitología azteca. Es destacable que junto al astro rey la muerte esté presente en una gran cantidad de rituales.

Pero no sólo con La Llorona, se ha relacionado con Itzpapálotl, hay quien piensa que fue su imagen la que inspiró al caricaturista José Guadalupe Posada cuando dibujó La Calavera garbancera que hoy, transfigurada en La Catrina es uno de los íconos más representativos de la cultura mexicana y cuyo origen no puedo resistirme a contaros.

El caso es que esta figura, que tiene ya más de 100 años de historia, nació con la intención de criticar a las indígenas que se habían enriquecido y pretendían parecerse a las mujeres europeas despreciando su raza, sus costumbres y su cultura.

En un primer momento se la conoció como la Calavera Garbancera. Las calaveras eran una figura muy utilizada por los dibujantes de finales del siglo XIX para hacer crítica social y lo de ‘garbancera’ hace referencia a las mujeres que habían dejado de cultivar y vender maíz, para dedicarse a un producto más europeo como era el garbanzo. Un negocio que fue bien y con el que se enriquecieron rápidamente. En un intento de imitar a las aristócratas damas francesas y españolas, se maquillaban la cara con colores claros para disimular sus rasgos indios y vestían aparatosos y excéntricos trajes, acompañados de grandes sombreros multicolores.

En 1873 José Guadalupe Posada publicó un grabado en blanco y negro con una calavera desnuda tocada únicamente con un gran sobrero de estilo francés, y junto ella el titular “Las que hoy son empolvadas garbanceras terminarán siendo deformas calaveras”.

Años después, en 1947, el pintor Diego Rivera realizó un fresco que tituló ‘Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central[4]. Se trata de un recorrido de 400 años por la historia del país a través de los 150 personajes representados en él: Hernán Cortés, el emperador Maximiliano, Sor Inés de la Cruz, Madero, Emiliano Zapata, etc.

En la parte central podemos ver al caricaturista Posada del brazo de un esqueleto elegantemente vestido de blanco, con boa de plumas y sombrero francés, que lleva de la mano al propio Rivera de niño, tras él nos observa Frida Kahlo y otros personajes de la época. El conjunto representa las contradicciones que vivía la sociedad mexicana de mediados del pasado siglo, un querer y no poder.

Rivera en este fresco completó el aspecto de la Calavera Garbancera convirtiéndola en La Catrina, pues ‘catrín’ o ‘catrina’ se llama a los hombres y mujeres que visten de forma refinada, ampliando así la crítica social de Posada a todos los mexicanos y mexicanas que sin terminar de salir de la pobreza querían aparentar un estilo de vida europeo renunciando a sus raíces. "...en los huesos pero con sombrero francés y plumas de avestruz"  

Hoy todos identificamos a La Catrina con México, personaje que año tras año se hace presente en la celebración del Día de los Muertos además, y para cerrar el círculo, la podemos ver cantando a La Llorona en el programa Mask Singer: Adivina quién canta[5].

 


[1] Su nombre se relaciona con la polilla de navajas o cuatro espejos.

[2] En otras versiones este papel lo desempeña la diosa Cihuacóatl, la Mujer Serpiente.

[3] La leyenda de la Llorona se asocia a varias diosas prehispánica que vestidas siempre de blanco vagaba por el mundo llorando por sus hijos muertos o perdidos.

[4] En la actualidad se puede ver en museo que la ciudad de México dedicó al artista.