A propósito de la Selección Española de fútbol en la Eurocopa: tener miedo a ganar o desear perder

Es muy infrecuente que yo escriba sobre fútbol. Mis conocimientos son escasos y apenas sigo las competiciones, salvo algunos partidos internacionales del equipo español.

Pero hay acontecimientos que trascienden lo puramente deportivo y enlazan con lo emocional colectivo, con el sentimiento nacionalista, con el gusto con el trabajo bien hecho o la queja ante el azar siempre presente en todo juego. Como ha ocurrido con los últimos partidos de la Selección Española de esta Eurocopa.

Solamente voy a hacer cuatro comentarios, dos sobre el portero Unai Simón y otros dos sobre decisiones del entrenador Luis Enrique en el último partido; estos comentarios los hago desde el punto de vista de psicólogo, especializado en psicología de los grupos.

Comienzo diciendo que para nada pongo en cuestión la alta calidad ni del entrenador ni del joven portero vasco. Es más, la afirmo: solamente observando la gran  calidad del juego grupal de nuestro equipo en los cuatro partidos se concluye que es el producto de un muy estudiado entrenamiento, bajo las pautas de un  eficaz entrenador. Creo que somos objetivos si afirmamos que el equipo de la selección española se ha mostrado superior al de sus cuatro rivales.

La cuestión es ¿por qué esta excelente Selección no ha pasado a la semifinal?

Apunto aquí dos hechos llamativos y la interpretación de éstos que da la teoría psicoanalítica: El “fallo” del portero Unai Simon no cogiendo el balón que un compañero de equipo le envió con precisión en un momento y provocando que el balón entrara en la propia portería ( creo que durante el penúltimo encuentro ) el psicoanálisis lo denomina un acto fallido y sobre los actos fallidos esta teoría sostiene que a través de ellos se hace presente un deseo inconsciente del sujeto. Si se admite esta teoría (que es archiconocida después de la publicación de “La psicopatología de la vida cotidiana” de Sigmund Freud, a principios del siglo XX) tendremos que concluir que algo relativo a un deseo de perder anida en el inconsciente de Unai Simón. Me hago cargo de la incredulidad y/o sorpresa que causa tal interpretación de este hecho en cualquiera no familiarizado con el psicoanálisis. Pero…las cosas son como son.( Por mucho que el Dr. López Ibor, allá por los años 40 publicara un libelo titulado “La agonía del psicoanálisis” la teoría sigue vigente en casi todas las universidades y clínicas psiquiátricas del mundo)

Esta hipótesis sobre el significado del “acto fallido”  de Unai Simón, queda reforzada con otra conducta del mismo, menos llamativa pero también curiosa: la de dejarse meter dos goles seguidos en la fase de los penaltis, arrojándose en ambos, buscando supuestamente el balón, al lado contrario de donde el rival lo lanza.

Que el entrenador no tuviera en cuenta el primer, decisivo, fallo de no parar el balón cedido coyunturalmente  para tomar la difícil decisión de un cambio de portero para el partido siguiente solo se explica si Luis Enrique no conoce la teoría psicoanalítica del inconsciente, o bien porque, aun conociéndola, en la balanza de su experiencia pesaba mucho más su criterio positivo sobre las capacidades del portero, que las dudas.

Sin embargo, después de ese “error”, cualquier psicoanalista le habría aconsejado que cambiara sin la menor duda al portero, para el siguiente partido. Pues el diagnóstico en relación a ese, por otra parte, gran portero  es la duda sobre que exista en él un claro deseo de ganar.

Los otros dos comentarios restantes también se refieren a la actuación fallida de otro jugador, Dani Olmo y la decisión posterior de Luis Enrique: durante el último partido Olmo, con todo un gran esfuerzo desarrollado, después de unas 5 ó 6 veces de tirar a puerta no consiguió ni una vez el gol, ni siquiera que el balón llegara al espacio de la portería. Desde esa observación se entiende muy mal que Luis Enrique decidiera posteriormente, en la etapa final de penaltis, escogerle para tirar uno a puerta. Al menos para los que solo le conocimos en los cuatro partidos, no se observaba en él ninguna capacidad destacada para meter goles. Y, aunque uno dude de que exista una compulsión a la repetición en la condición humana, al menos debe creer que la estadística ofrece siempre un juicio valioso, si no exacto, para prever conductas futuras.

La gran verdad que expresó Luis Enrique en su discurso final, de que se aprende más en las derrotas que en los éxitos, le garantiza como buen conductor de equipos humanos.

Ahora solo falta aprender de esos errores.