Consolación de la lectura 

Siempre lo hemos presentido y lo hemos expresado en distintas de nuestras intervenciones públicas: el modo más eficaz de ser cultos y de acceder a un modo crítico y creativo de comprender e interpretar el mundo es la lectura.

Leer es una de las actividades más satisfactorias que cualquier ser humano puede realizar. El libro es una de las conquistas más civilizadoras que ha producido el ser humano en la tierra. Y es una conquista permanente; aunque, es verdad, amenazada siempre, como todo lo humano, por la barbarie.

No es malo ni es mal síntoma –como han difundido desde hace meses los medios de comunicación– el que la lectura haya sido una de las actividades que se ha incrementado en nuestra ciudadanía durante todo el tiempo que durara el confinamiento por la pandemia.

Ojalá tal incremento de la lectura hubiera llegado para quedarse. Detectamos que, en nuestra sociedad, hay dos actividades que se están realizando, desde hace ya tiempo, por parte de no pocos ciudadanos en su tiempo de ocio: la lectura y el contacto con la naturaleza a través de marchas, caminatas, excursiones y otro tipo de actividades por el estilo.

El verano es un momento ideal para leer, ya que las vacaciones, sean más breves o dilatadas, nos permiten disponer de un mayor tiempo libre. Las opciones de lectura se nos abren como un abanico. Podemos optar por los clásicos, por los modernos o por nuestros contemporáneos; por la creación literaria o por otros géneros. Tenemos muchos tipos de posibilidades.

Queríamos visitar, a lo largo de este tiempo, para no perder pie en una sociedad tan contradictoria como la que vivimos, el pensamiento estoico, pues plasma una de las opciones humanas más sabias de estar en el mundo. Séneca, nuestro gran clásico latino y de origen cordobés, es uno de sus puntales, en diversos de sus tratados (“sobre la tranquilidad del alma”, “Sobre el ocio”, “Sobre la firmeza del sabio”, “Sobre la brevedad de la vida”…), entre los que se encuentran asimismo sus escritos consolatorios. Pero no a la zaga se le quedan los escritos de Marco Aurelio. Por abrir bocado.

En una sabia guía sobre la literatura francesa, Carlos Pujol nos lleva también a la lectura de los ‘Pensamientos’ (1669-1670) de Blaise Pascal, para él la figura más universal de toda la literatura francesa, y esta obra “una de las grandes obras de la humanidad … que parece tocar el último fondo de naturaleza humana”, y cuya voz “será inolvidable mientras los hombres se formulen las grandes preguntas de su razón de ser y de su destino.”

Porque la lectura, sí, las grandes obras creadas por el ser humano nos ayudan a todos a formular las grandes preguntas de nuestra razón de ser y de nuestro destino.

Abrimos al azar los ‘Pensamientos’ y acuden las palabras pascalianas: “Hay que conocerse a sí mismo: aunque ello no sirviera para encontrar la verdad, serviría por lo menos para arreglar su vida, y nada más justo que esto.”

O –ya que abordamos tal asunto– sobre la lectura: “DOS INFINITOS, MEDIO. Cuando se lee demasiado deprisa o demasiado despacio, no se entiende nada.”

La lectura nos ayudará siempre, sí, a formularnos las preguntas esenciales sobre nuestra razón de ser y nuestro destino.

Aprovechemos el verano.