El Papa está enfermo

El Papa Francisco sufre enfermedades y operaciones médicas como un humano cualquiera

“Les ruego que oren por mí”. Es la frase que el Papa Francisco repite siempre al final de sus intervenciones en público. Y de veras que siempre lo necesita. Y que es obligado para todos nosotros hacerlo, siempre y en cualquier lugar y ocasión.

Pero en estos días en que el Santo Padre acaba de ser operado de una operación de colon y se encuentra restableciéndose, con mayor razón hemos de rezar por él para que el Señor nos lo conserve y nos lo devuelva mejorado y lleno de fuerzas para continuar su importantísima tarea, como vicario de Jesucristo y “siervo de los siervos de Dios”, como todos los Papas suelen proclamarse.

La enfermedad del Papa, que le obligaba a operarse, se refería a una inflamación del colon que exigía recomponerlo eliminando incluso una parte del mismo. La operación estaba prevista y programada. Aunque nadie había sospechado nada antes. La intervención médica parecía sencilla y se pensaba realizarla por laparotomía pero, sobre la marcha, el doctor que lo operaba comprendió que era necesario hacer una operación regular, aunque fuera más agresiva.

La operación duró tres horas y tuvo lugar en el hospital Gemelli, donde había acudido varias veces el Papa Juan Pablo II. Y allí permanece en las habitaciones dispuestas especialmente para estas ocasiones. Allí el Papa se repone, ya no necesita instrumento respiratorio, va volviendo a su norma de comida habitual, lee y pasea con regularidad.

La operación más notable que ha tenido el Papa fue la extirpación de parte de un pulmón, a consecuencia de una pulmonía grave, cuando él tenía 21 años. También ha sido operado de cataratas el año 2019. Cuando era superior provincial de los jesuitas en Argentina, el después Papa Jorge Bergoglio sufrió una operación de vesícula.

El Papa Francisco padece con frecuencia dolores de cadera y de espalda ligados a una ciática que le hace sufrir bastante y le obliga a someterse a sesiones regulares de fisioterapia. También tuvo un problema cardíaco en 2004 y, siendo ya Papa, le diagnosticaron hígado graso, que superó fácilmente con una dieta especial. Igualmente tiene una estrechez entre la cuarta y la quinta vértebra lumbar. Y, finalmente, padece de pie plano, lo cual se delata fácilmente al caminar.

Francisco sufre enfermedades y operaciones médicas como un humano cualquiera. Y parece que las lleva bastante bien y discretamente, como ha ocurrido en esta ocasión en que nos sorprendió el pasado domingo con la noticia de su internamiento en el hospital Gemelli para la consabida operación de colon.

Pero el Papa, que sufre y en consecuencia pide oraciones por su salud física, reclama la asistencia divina sobre todo para contar con fuerzas y discernimiento de cara a las múltiples tareas eclesiales de cada día, entre las cuales destaca todo su empeño de cara a la renovación y purificación de la Iglesia.

Él sabe de sobra que hay quienes no comprenden su forma de comportarse y de tomar decisiones, a veces duras y dolorosas para algunas personas, incluso de alta dignidad en la Iglesia. Pero él confía en el Señor y a Él encomienda todas sus decisiones. Al mismo tiempo que se encuentra magníficamente asesorado por una comisión de cardenales, que él mismo ha designado y en los cuales confía. Con ellos se reúne con periodicidad regular.

De hecho pensaba dar luz al documento reformador el pasado día 29, fiesta de San Pedro y San Pablo. Pero es probable que tengamos que esperar dicho importante documento hasta las proximidades de fin de año, por lo menos. Ojalá el Señor nos lo conserve para seguir haciendo tan buenas obras.