Mascarilla

Ya se pueden quitar, afuera y con cabeza, eso que tanta gente considera bozal, aquí, en México, se le dice cubrebocas; en Argentina, barbijo

“Puede parecer una idea ridícula,

pero la decencia es la única manera de combatir la plaga”

(Albert Camus, La peste).

Ya se pudo, ya es historia… Y, bueno, como vi en un tuit de Quique Peinado: “que si queréis seguir con la mascarilla, podéis, ¿eh?”

Pues sí, por ahí va, quitárnosla es algo que queríamos/queremos todos –aquí en México nunca fue obligatoria… aunque en tiendas y demás lugares “con dueño”, sí es requerimiento indispensable–; intuyo que ese deseo es por lo que significa, por el valor agregado, más que nada, por el sentido de victoria, de hacer un “María Jiménez”, un “se acabó”, como está poniendo de moda nuestro paisano Javier en Pasapalabra.

Sin embargo, llevo un tiempo reflexionando sobre lo difícil que es tener perspectiva histórica cuando uno está viviendo eso que “se leerá en los libros”.

Esta pandemia, este año y pico que llevamos vivido, en todo el mundo, implica algo muy fuerte, uno de esos parteaguas de los que les gusta hablar a los rimbombantes. Pero resulta que noto un afán –comprensible, desde luego– por “volver”, por superar esto… retomando donde lo dejamos.

Y ahí, la mascarilla/cubrebocas se vuelve metáfora, símbolo, porque creo que le debemos, al menos, un agradecimiento, un cierto cariño en medio de tanto encono. Yo, por lo menos, como uno de tantos que tiene problemas con las alergias, en particular, y con gripes y catarros en general, aunque siento un miedo fuerte cada vez me da la tos, sobre todo en público, también, si recapacito, me doy cuenta de que ha habido menos catarros, menos toses… También es cierto que, antes de la vacuna covid, muchos nos pusimos con más ganas, y más de uno por primera vez, la humilde vacuna contra gripe e influenza… Pero creo que el dichoso “bozal” también contribuyó en algo.

No me extrañaría que, tras la vuelta a la “vida normal”, el trabajo de mucha gente de la moda no caiga en saco roto y la denostada mascarilla vuelva por sus fueros y se termine volviendo un complemento como tantos otros.

Hasta lo veo como metáfora que conecta con la palabra resiliencia, también tan de moda: si analizo lo que está pasando, de lo que parece que, por fin, estamos saliendo, a lo mejor nos deja de preocupar tanto quitarnos o no la mascarilla y, con tristeza por todo lo perdido y, sobre todo, por quienes ya no están, se vuelva metáfora para más gente que nos ayude a darnos cuenta de todo lo que hemos ganado.

Incluso, tal vez, al ponernos la mascarilla, el cubrebocas, alguna vez nos cuestionemos si, de veras, queremos volver “del todo”, al mundo que dejamos en aquel lejano marzo de 2020.

No sé, piénsenlo.

 

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