¡Amén! 

Ando en la parcela, en las tareas propias de este mes frio y desconcertante de junio; aunque si digo la verdad, el trabajo no me cunde como el que hacía el año pasado. Y no digamos del de hace unos años… Sí, ya sé qué: “El envejecimiento se produce de forma paulatina; de donde la dificultad de asignarle un límite inaugural. Pero co… cada día me cuesta más hacer las cosas que antes hacía en un ¡plís…plás!...

Y aquí me acordé de cuando le preguntaron a un amigo mío sobre este tema y socarrón y filosófico contestó presto: “Hubo en efecto un instante, hace ya largo tiempo, en que percibí una reducción lumínica a mí alrededor, como una especie de eclipse”. ¡Qué cachondo el tío! Pero lo “bordó” ya cuando añadió: “Me sentí viejo cuando me trataron como a un niño”. ¡Ahí sí que ya comencé a sentirme muy mayor!

Estoy esperando la llegada de mi buen amigo el señor Manuel, al que ya se le está pasando la “resaca” del Evento- en la Presentación de los Libros y las posteriores secuelas emocionales que allí sucedieron y que han continuado sin pausa; pues recibo una carta-nota de uno de los allí protagonistas-José Quitián-, un “cerrúo” que vino desde Madrid y que ahora me escribe y agradezco, cuando dice entre otras cosas: “… lo demuestra el hecho de que hoy presenciamos la llegada al mundo de 3 vástagos; hijos de la experiencia de nuestro anfitrión. Que nos honra con el privilegio de acercarnos al “sancta sanctorum” donde hoy se convocan los, duendes, el olivo de “Hornacinos”, el alcalde y las gentes venidas de El Cerro y el señor Manuel… para oficiar la ceremonia de ese vermú con anchoas-, que los allí presentes no ignoramos contiene el secreto de su torrencial inspiración”.

Enhorabuena y larga y saludable vida a Don Anselmo Santos.

Parcela de ‘La Cigueña’ de Villaflores, 11 de junio 2021

Solamente puedo contestar con agradecimiento. ¡AMÉN!

- Buenos días señor Manuel.

- Buenos y santos, prenda.

- Me comentaba usted, que se siente en “sus propias carnes”, seriamente preocupado por las noticias dadas en Prensa, Radio, Televisión y no digamos por whatsApp referentes a: “La sangría demográfica que afecta a muchas localidades donde ya no vive ningún niño y los últimos registros de nacimientos se hizo… ¡hace más de 30 años!

- Pero antes de que usted me dé, seguro, cumplida información al respecto, quiero preguntarle ¿Seguro que usted recuerda al señor Ventura ‘Andarín’?

- Ya lo creo.  Pero ¿Qué tiene que ver él con este tema?

- Tiene… tiene señor Manuel. Porque yo le recuerdo bien también y no se me olvida cuando en nuestros muchos encuentros me decía muy serio y preocupado: “Anselmo… dentro de unos años, ni un solo niño andará por  estas calles.”

- Sí. Al señor Ventura le gustaba mucho el vaticinar.

- Usted tan “caustico” como siempre y con el colmillo “afilado”.

- Pero mire usted, acertó. El bueno de-Ventura-, a sus 76 años de edad, por aquel entonces; todos los días del año andaba y desandaba el mismo camino de 8 kilómetros; cosa que tenía mucho mérito, pues había sufrido recientemente una trombosis que le afectó seriamente su pierna y brazo derecho. Tuvo que aprender a escribir con la mano izquierda y presumía de su caligrafía posterior a la enfermedad. Pasado un tiempo, me decía con vehemencia; ¡ya he vuelto a escribir de nuevo con la derecha! Y lo hacía sin dificultad y excelente caligrafía.

- A Ventura, le gustaba la conversación y trasmitía fuerza de voluntad necesaria para superar momentos malos de la vida. Tenía muchas vivencias para contar y a mí me las contó. Hoy sólo termino diciendo de este personaje singular, muy querido, como todos los que pasaron por mí pluma: “Qué muchos automovilistas al verle caminar solitario y andando muy deprisa y ligeramente encorvado; le invitaban para que subiera al coche. Pero, él siempre muy digno, les rechazaba amablemente. Pues tiene la “obligación” de hacer “sus”… ¡16 kilómetros diarios andando!

NOTA. A Ventura le hubiera gustado mucho qué su vaticinio de que ni un solo niño andaría por las calles del pueblo, no se hubiera cumplido, como lamentablemente así ha sido. Pues él, en sus caminatas, vio nacer los trigos, correr las liebres sintió el viento y fue testigo de las puestas del sol… ¡Amaba la vida!