El laberinto de los derechos retorcidos

Gran controversia se está dando, al parecer, entre corrientes ideológicas por lo demás grandes defensoras, a la par que beneficiarias, del Gobierno de España, autodenominado “progresista”. Discrepan a propósito de lo que se ha llamado “autodeterminación de género”, y lo hacen una serie de asociaciones feministas con otro grupo de colectivos vinculados al movimiento LGTBi. Aquellos interesados en esa disputa imagino que podrán encontrar artículos bien fundamentados que la aborden y otros francamente prescindibles.

Percibo, y lo he constatado, que unos y otros sí alcanzan acuerdo en cuestiones que intentan imponer como un consenso social, y para ello utilizan la estrategia, facilona y previsible, de esbozar una gruesa y aparatosa caricatura de todo aquel que piensa diferente. Sin matices. Sin mesura. Recurriendo constantemente a la generalización, bebiendo de ese prejuicio cada vez más alimentado y arrinconando al que manifiesta otro criterio: a ver si el señalamiento y la etiqueta terminan por desanimarlo y, en último término, acallarlo. Esto se puede comprobar en muchas columnas de las que afloran cada día y en la exposición de razones que aún conservan el calor de ese horno donde los partidos políticos cocinan atropelladamente su argumentario.

Entretenidos como suelen estar con sus galgos y sus podencos tantos abajo firmantes, no se preocupan por salir del laberinto donde se han enredado. Se entiende, porque no temen a ningún minotauro que castigue sus incoherencias: son derechos, es progreso, es libertad, y “vale ya”, que diría aquella fiscal. ¿Cómo se atreve ese Teseo a avanzar por los enmarañados pasillos del pensamiento oficial y cómo osa la tal Ariadna a proporcionarle el molesto hilo del pensamiento crítico? ¡Fuera de Creta!

En un recoveco del particular laberinto de los derechos retorcidos se halla el derecho a la maternidad/paternidad. Mala cosa cuando un sujeto se reduce a objeto de un derecho para otro. Difícil salida. Tan compleja, que se complica mucho defender la idea de que no se puede dejar de ser padre o madre cuando ya se es padre o madre. Incluso dar esa explicación, llegado el caso, en opinión de una mayoría del Parlamento Europeo sería una forma de “violencia de género”. No digamos ya si eres profesional sanitario y decides en conciencia no participar en un aborto, que aspiran a elevar a derecho humano (¿acaso del ser humano matado antes de nacer?), igualando la objeción del médico a una negación de la asistencia.

Retuercen también los derechos los que se proponen utilizar las “medidas de gracia” disponibles, por ejemplo en la adjudicación de plazas de empleo público. Hace unos días leí la convocatoria de oposición para médicos de atención primaria en Aragón. Cobran ventaja los compañeros transexuales y los que tengan diagnosticada una enfermedad mental con al menos un 33% de discapacidad reconocida. ¿Existe un problema de integración de los médicos de atención primaria transexuales en Aragón, al que se puedan agarrar los promotores de esa cosa tan negativa llamada discriminación positiva, para que firme el director gerente del Servicio Aragonés de Salud debajo de ese privilegio? ¿Nadie se ha planteado que una persona con una enfermedad mental discapacitante, así sin más apellidos, puede no ser la más adecuada para pasar una consulta médica? Ni pregunto por los derechos del resto de aspirantes a las plazas, que parten en inferioridad de condiciones.

Finalmente, me aventuro a pronosticar un inminente derecho a aprobar el Bachillerato. Por supuesto, también Infantil, Primaria y Secundaria. El buenismo imperante, lejos de admitir la cruda realidad del fracaso escolar y luchar para superarla, se ha decidido a eliminarlo por la vía sencilla, la cuenta de la vieja, la que maquilla la calificación final en lugar de fomentar el esfuerzo diario, incluido el del día del examen. Poca confianza demuestra el legislador en alumnos, familias y docentes cuando tira por esa calle del medio, la calle de la rebaja y la dádiva, una calle que aleja cada vez más de la salida del laberinto.