Ciudad Rodrigo al día

 

Desde Martiago y con Agallas, hasta la Peña de Francia

Relato en primera persona de un grupo que en las últimas horas ha ido andando desde Martiago y Agallas hasta el Santuario de la Peña de Francia

Como cada año, partimos de Martiago con nuestras mochilas repletas de ilusión y fuerza para afrontar los 50 kilómetros que tenemos por delante.

Nuestro primer alto es en Agallas, allí nos esperan para unirse en la peregrinación un grupo de amigos. Todos formamos un gran equipo.

El ruido de nuestros bastones y zapatillas se hace sentir a la entrada de Vegas de Domingo Rey, donde la luna casi llena nos deja ver, en la sierra, el pico de La Chanchera.

Seguimos por Porteros hasta Serradilla del Llano. Allí hacemos un descanso a orillas del río e intercambiamos comida, conversación y muchas risas. Es hora de continuar. Pasamos entre castaños centenarios para abrirnos paso hasta Monsagro. En la plaza, descansamos, llenamos las botellas de agua fresca de la fuente y hacemos un recorrido por los fósiles que hay en las fachadas de las casas. Ahora ya estamos listos para continuar.

Comenzamos  a subir entre los canchales de piedra, donde hace 500 millones de años todo era un mar. Es un recorrido en zigzag, donde vamos a pasar de los 940 metros  a los 1527 metros de altitud de la Peña de Francia. Es un recorrido duro pero que compensa al ver caer los primeros rayos de sol sobre las montañas. Es un privilegio.


En el Paso de Los Lobos hacemos un merecido descanso antes de afrontar la última etapa. Las vistas son maravillosas.

Subimos por el camino pedregoso, exhaustos ya, pero cuando nos queremos dar cuenta, ¡está ahí! ¡Hemos llegado! ¡Estamos en la Peña de Francia! La satisfacción es plena.

Ahora vamos a visitar la virgen morenita, Nuestra Señora de la Peña de Francia. Y después pensar en el año que viene, para volver otra vez.

En nuestras mentes están los recuerdos de un año difícil. Tenemos una nueva forma de sentir muchas cosas que antes pasaban desapercibidas, de saber mirar con el corazón. De disfrutar todo de la manera más sencilla, sabiendo que el mejor regalo es  abrir los ojos y ver un nuevo amanecer.

Quiero dar un sincero agradecimiento a Melchor que está pendiente de nosotros durante el camino, atento a lo que necesitemos.

Petry Serradilla Vicente