Por qué tantas gilipolleces

     Decís gilipolleces los mecanicistas que lo mecanizáis todo. Porque preferís los programas a los latidos. Porque  anteponéis lo mecánico a lo vivo, lo automático a la imaginación. Porque  apartáis el temblor de un muslo o el latido de un corazón por los ruidos metálicos de una máquina. Porque lo secáis todo y lo controláis todo. 

    Decís gilipolleces los que apoyáis a presidentes gorilas que instauran la ignorancia en el mundo. Porque  odiáis la cultura que es la vida de verdad y preferís la rutina y la vulgaridad. Porque  defendéis las esencias  cuando no hay esencia sino existencia, ya lo dijo Heidegger.  Porque  solo habláis de salmantinos o de paquistaníes o del Mayflower,  cuando la vida es mezclada y viene de todas partes. Porque en París destacaron los que no eran de París y en Salamanca los que no eran de Salamanca.

     Decís gilipolleces los meapilas de antes y de ahora, los que rezáis el rosario o decís solo cosas políticamente correctas.  Porque la vida os supera, y no os enteráis de nada y con vuestros juicios mezquinos os matáis a vosotros mismos. Porque se os escapa la belleza de lo incontrolado y la riqueza de la contradicción. Porque no sentís nada y no vivís nada y estáis resecos como clavos. 

     Decís gilipolleces los puritanos que creéis que todo es pecado y os escandalizáis de todo.  Porque amargáis los pozos de la vida y le quitáis la ilusión incluso a los niños. Porque  sois resecos como palos y queréis que todos sean resecos como vosotros.  Porque  aplastáis a todos  con vuestros dioses implacables y vuestros  libros santos. Cuando el Dios vivo está debajo para sostenernos y no encima para aplastarnos. Y elimináis el vino y elimináis a carne. Y si pudierais, el aire y el olor de las rosas. Diría que decís cabronadas, pero prefiero decir que decís putas gilipolleces.  

ANTONIO COSTA GÓMES, ESCRITOR