Diosas II. Morrigan

La Gran reina, La Soberana Espectral, La Señora de la Oscuridad; Morrigan era conocida por muchos nombres y por muy variados aspectos, pues no está demasiado claro si se trataba de una sola diosa, una trinidad formada por ella y sus dos hermanas, Badb y Macha o una triple diosa, en la que se unen la transformación, la regeneración y la renovación. Tal vez por esta razón su símbolo - que ya aparece en construcciones megalíticas irlandesas de 3.200 años de antigüedad, (la triskel celta) - sea la espiral triple que, dicen, está emparentado con el lauburu[1], y es sin duda un talismán protector.

Hija de la diosa Ernmas, llamada la mujer siniestra y la diosa más poderosa de la mitología celta, aparece como una mujer eternamente joven, de cabellos grises, ojos misteriosos y enigmática belleza. Es orgullosa y extremadamente celosa y vengativa, cuando entra en batalla puede adoptar la forma de un curvo, ya que es considerada la diosa de la guerra y esto le permite sobrevolar los ejércitos otorgando a los soldados fuerza y valor.

Se le adjudican varios amantes, entre ellos Dagda (literalmente ‘el dios bueno’), el más poderoso del panteón irlandés, pero no siempre fue correspondida. Cuenta que un guerrero llamado Cuchulainn, también conocido como el Aquiles irlandés, por haber protagonizado multitud de hazañas, la rechazo e incluso llegó a luchar contra ella. El legendario héroe, murió peleando contra los ejércitos de las otras tres provincias de Irlanda que habían sido unidos por la reina Maeb, pero nadie se atrevió a atacarle hasta que vieron que un cuervo se posaba sobre su hombro para beber la sangre que manaba a borbotones de sus numerosas heridas. Tal vez esa fue la venganza de Morrigan por rechazar su amorosa invitación.

La leyenda cuenta que en cierta ocasión, en medio de una cruel batalla, un grupo de soldados quedaron paralizados cuando ante ellos se presentó una mujer de largos cabellos grises cubierta de sangre, que tenía a sus pies un montón de cadáveres con miembros amputados y rostros desfigurados. Uno de los soldados se atrevió a preguntar a la mujer quién era:

  • Soy Morrigan la diosa de la guerra.

El soldado volvió a preguntar ¿Has matado tú a esos hombres?

  • No los he tocado’. Contestó la diosa oscura. Y añadió: ¿No los reconoces? Son los que te acompañan pues todos estaréis muertos esta noche.

El soldado miró los cadáveres y distinguió entre ellos los de sus compañeros, pero cuando la sangre se helo en las venas fue al darse cuenta que la cabeza que Morrigan tenía en sus manos, era la suya.

Algunos especialistas relacionan a esta diosa con una que aparece en anotaciones al margen de un pasaje del profeta Isaías escritos en una Biblia manuscrita en latín y fechada en el siglo IX. En ella, se relaciona a la irlandesa Morrigan con Lilith, una deidad hebrea sinónimo de monstruo con forma de mujer, que también podía transformarse en cuervo. El texto de Isaías (34:14) dice así: Allí se darán cita los chacales y hienas y los sátiros se llamarán unos a otros; también allí Lilit, descansará y hallará para sí lugar de reposo.

Lilit, es una leyenda judía que los hebreos trajeron a Israel tras su destierro en Mesopotamia. Según esta, ella fue la primera mujer, anterior a Eva, pero que abandonó el Paraíso por voluntad propia marchándose a las orillas del Mar Rojo, allí se unió al demonio Amodeo, convirtiéndose en una bruja que raptaba por las noches a los bebes de sus cunas.

No hay acuerdo con respecto al significado del nombre ‘Morrigan’, algunas versiones afirman que hace referencia a reina fantasma, gran reina o espectro. También hay quien mantiene que se identificó posteriormente con Morgana, la gran hechicera discípula de Merlín, que aparece en la leyenda del rey Arturo y que se enfrentó tanto a él como la reina Ginebra para arrebatarles el reino de Camelot.

Morrigan, como ha sucedido con Enío y Belona, de las que hablábamos la pasada semana, ha sido recuperada en comics, series de animación y videojuegos, tal vez porque esta sociedad nuestra, dominada por el discurso científico, está huérfana de imaginación, fantasía, personajes mitológicos, heroínas y héroes, que no tengan relación con el deporte, claro está.

El mundo del hombre contemporáneo se funda sobre los resultados de la ciencia: el dato reemplaza al mito, la teoría a la fantasía, la predicción a la profecía, dijo acertadamente el físico, filósofo y humanista argentino, Mario Bunge

Pero todo mito, toda leyenda tienen siempre algo de verdad, de no ser así no hubieran sobrevivido al paso del tiempo. Claro que también tiene mucho de ficción porque es ésta la que permite a cada sociedad hacer una relectura colectiva desde su propia cultura y liberar del tiempo a heroínas, héroes, diosas y dioses para las generaciones posteriores.

 

[1] En euskera lau = "cuatro" y buru = "cabeza"