La pandemia, todavía en octavos de final

Ni recordaba ya mi última declaración de “Enfermedad por Coronavirus 2019” cuando tuve que firmar una en mi guardia del domingo pasado. En los informativos de ese día varias noticias reflejaban, incluso con declaraciones explícitas, que la medida que entra hoy en vigor, la retirada de mascarillas en exteriores, ya era vigente entonces en el pensamiento de muchos: “Si el sábado que viene ya se quitan las mascarillas, ¿qué peligro hay?”, razonaba una joven mientras guardaba la ya conocida distancia de 1,5… centímetros con sus acompañantes.

El anuncio de la novedad siguió uno de los cauces habituales en esta pandemia. Corrió a cargo del Presidente del Gobierno una vez que la Comisión de Salud Pública había estimado conveniente aplazar la discusión de ese asunto y tampoco se había incluido entre los temas a tratar por el Consejo Interterritorial del Ministerio de Sanidad. Ya se sabe: hacemos caso a los expertos, lo que la ciencia nos diga, decisiones meramente técnicas, bla, bla, bla… Pues no: lo decidió un político que necesitaba anunciarlo, le urgía porque le cuadraba circunstancialmente y así lo aconsejaban sus bien pagados asesores de imagen. El caso es que se insiste en la cantinela y nada ocurre, y eso que ya el 10 de junio de 2020 se proclamó en sede parlamentaria un alocado, falso y peligroso “Hemos vencido al virus”. Y no, aunque a los más recalcitrantes de entre los dolidos por el año en blanco les hubiera gustado para lanzarle un dardo más, no lo dijo Luis Enrique.

Cuando las selecciones de País de Gales y Dinamarca (que ya ganó lo más importante el día 12 según volvía a latir el corazón de Eriksen) abran esta tarde en Amsterdam la ronda de octavos de final de la Eurocopa sabremos que inauguran una ronda de catorce partidos eliminatorios que conducen al previsto para el 11 de julio, que resolverá en Londres el campeonato futbolístico. La batalla, esta sí cruenta, que llevamos librando desde el invierno de 2020, sin embargo, no tiene fecha tan clara en el horizonte.

El avance de la vacunación, que va bien, y la protección que aseguren las vacunas ante las nuevas y previsibles variantes del virus, veremos, marcarán el devenir propiamente epidemiológico, pero no son pocas las realidades que la pandemia ha terminado de tambalear y, si ya estaban golpeadas, han caído sin que se sepa si podremos verlas pronto en pie. O ni siquiera si interesa enderezarlas y devolverles el vigor que un día tuvieron. Parecían de “utilidad pública”. De lo que entonces entendíamos por ella. Pongo ejemplos.

Para mí el más cercano es mi propia profesión, la Medicina. A esta hora, el Gobierno de España aún se resiste a admitir unos veinte mil fallecimientos producidos en 2020 a causa de “Enfermedad por Coronavirus 2019”. Los médicos pusimos algo en un documento oficial como es el certificado de defunción, algo basado en nuestro criterio científico, y el poder ejecutivo puso algo distinto en otro documento oficial como es la información ofrecida a la opinión pública, algo basado en sus intereses políticos. Mientras la “autoridad sanitaria” sea la mera autoridad sin basamento ciertamente sanitario, la pandemia seguirá, como poco, por octavos de final.

Otro ámbito muy citado e investigado es el de los centros socio-sanitarios, las residencias de ancianos. Sirve para lanzarse los trastos a la cabeza según seas gobierno u oposición. Cuando entro en una, para atender a algún paciente, me pregunto si los que tanto hablan de ellas realmente las conocen. Imagino que tan poco como para afirmar las cosas que les he oído. También me pregunto por qué cuando hablamos de “conciliación familiar” se piensa en niños y no en ancianos ni en enfermos crónicos dependientes o incluso paliativos. Será que, como pasa con la muerte (salvo que solicites un adelanto, para eso sí hay plazos y urgencias), es más cómodo ignorar la realidad y que cada cual se las ingenie como pueda cuando le toque. Así pasó a partir de marzo de 2020. Cuando tocó a todos de golpe y escuché a un antiguo vicepresidente asumir la tarea de “medicalizar las residencias”. Tampoco sabía muy bien lo que decía.

¿Octavos de final? Más bien dieciseisavos todavía, si no treintaidosavos, aunque en separación de poderes de la de verdad, de la que no establece una oposición entre justicia y política, de la que no llama “judicializar” al cumplimiento de la ley, en esa separación de poderes que distingue a cualquier régimen democrático que se precie, estamos en una incipiente primera ronda y sin merecimientos para progresar hacia la siguiente. ¿Seguro que salimos más fuertes?

En la imagen, campaña gubernamental del 25 de mayo de 2020. Un año, un mes y un día más tarde el relato oficial no ha cambiado mucho, ni tampoco las intenciones de los que acaban de salir, ellos sí, más fuertes: sediciosos y malversadores.