Indúlteme, señor agente

Estoy escuchando mucho últimamente que son inminentes unos indultos que el gobierno va a conceder a unos señores y a unas señoras condenados por delitos muy graves, tan graves, que el tribunal que los juzgó les condenó a unos cuantos años al trullo. Y lo cierto es que me he alegrado mucho, ¡muchísimo! y una luz color esperanza se ha encendido en mi corazón, tan necesitado de buenas noticias. Y es que ahora tengo argumentos para rebatir a aquel agente de la ley y el orden que me quiera poner una multa por alguna infracción. Así que ya me lo puedo imaginar:

-Perdón, señor, reduzca la velocidad, estacione aquí y enséñeme la documentación

-Pero, señor agente, ¿es que ha ocurrido algo? ¿he cometido alguna irregularidad digna de su atención?

-Pues usted sabrá. Como habrá visto, toda la vía tiene señales que indican que la velocidad máxima permitida son 30 kms/ hora y parece que usted iba un poco más rápido…

(Es entonces cuando empiezo a usar los  argumentos infalibles)

-Ya, pero verá, señor agente, yo he visto la señal, pero es que no he querido obedecerla

- ¿Cómo? ¿Me está usted diciendo que lo ha hecho deliberadamente?

- Pues sí, es decir, que lo he hecho porque así lo he considerado mejor y así me ha parecido

- Muy bien. Entonces le voy a imponer la sanción correspondiente…

- Espere, espere. ¿Por qué toma usted decisiones que van contra la convivencia? ¿No se da cuenta que con esta multa, me produce usted enfado, malestar y tensión?

- ¿Cómo? La ley es para todos. Y si usted no la respeta, tienen una sanción.

- ¿Una sanción? Señor agente, deje ese odio hacia mí que le mueve a ponerme la multa. No rompa la convivencia conmigo. Favorezca el diálogo. Vamos a sentarnos en una mesa, dialoguemos, hablemos….siempre y cuando haga lo que le digo yo, claro.

- Pues mire, le voy a poner la sanción por saltarse la prohibición y además, estoy tentado de ponerle otra por desacato a la autoridad

- Que sepa que no voy a pagarla si me la pone.

- ¿Es usted más que el resto de ciudadanos?

- (Momento de duda) Ehhh, pues sí, tengo derechos históricos por mi apellido familiar, y porque yo lo valgo. Además, que sepa que no me arrepiento de haber circulado a más velocidad. Así que le pido, ¡se lo exijo! que no me sancione. Y si lo hace, indúlteme, señor agente.

- Pues mire, aquí tiene la multa, y otra más por resistencia a la autoridad.

- Le tengo que decir que volveré a hacerlo en cuanto pueda. Que no me arrepiento, y que me da igual la sanción que me ponga.

En ese momento, el agente me extendió dos multas, un apercibimiento y una denuncia. Cuando se marchó, me quedé un instante en silencio y me dije a mí mismo una palabra que me define: Gilip… Está claro que esos argumentos no funcionaron conmigo, ¡mecagüen! Yo que pensaba usarlos también  para no pagar el alquiler del piso. Así que me fui con cara de tonto, pero tondo de remate.

Cuando llegué a casa me fui directo a la Constitución y leí el artículo 14 de la misma, ese que habla de que los ciudadanos somos todos iguales ante la ley. Precisamente su obediencia es lo que nos iguala y nos permite hablar de democracia. Miré la fecha de la publicación, por si acaso fuera una constitución antigua, pero no, era la vigente. Así que me fui a la cama, pero antes, hice la transferencia de las multas al ayuntamiento, no fuera que me cobraran el recargo por demora en el pago.