El bienestar: el dinero y la felicidad

El bienestar: el dinero y la felicidad

En una sociedad neoliberal de mercado, el programa que se nos hace, salvo a los que nacen y mueren ricos, es bien claro: trabajar, hacer dinero y consumir.

Los trabajos son  muy diverso, en esfuerzo, rentabilidad y clima de trabajo. Finalmente depende mucho de la herencia biológica y social, la suerte y el esfuerzo personal. Como  en el trabajo pasamos muchas horas, nuestro bienestar o malestar depende en buena parte de nuestro trabajo. Saber, su se puede conseguir,  disfrutar con el trabajo es una fortuna. En el otro extremo esta la maldición bíblica: “trabajarás con el sudor de la frente”.

El dinero es una  de las  medidas de los recursos de las personas (otras son la cultura, las red social, las habilidades personales, los recursos sociales, etc.)

El poder consumir es el premio, engañoso tantas veces. es lo que nos dan las clases dominante. Muchas personas se esclavizan para hacer dinero y consumir. En nuestra sociedad casi todo el ocio es consumo pagado con dinero. Tener y consumir, los objetivos que nos venden.

¿Qué relaciones hay entre  el dinero y felicidad?

El dinero o carecer de él es un factor de bienestar-malestar objetivo en varios  sentidos:

  1. Quienes viven en la miseria y pobreza severa es muy  probable que tengan  grave malestar subjetivo.
  2. Quienes sufren para llegar a final de mes, sus recursos son muy limitados o tienen inseguridad económica es probable que tengan malestar subjetivo en uno u otro grado.
  3. Quienes tienen seguridad económica e ingresos que le permiten vivir  con austeridad, su bienestar o malestar depende de su escala de valores y  expectativas económicas.
  4. Quienes viven económicamente  holgados, su bienestar o malestar depende de su escala de valores y expectativas económicas.

 

Los dos primeros grupos sufren de malestar objetivo y muy probablemente de malestar subjetivo, aunque en grados muy distintos. Solo en casos de la elección de la pobreza, como valor o testimonio evangélico, pueden llegar los del segundo grupo a sentirse subjetivamente bien.

El tercer y cuarto grupo tienen las necesidades cubiertas, especialmente el cuarto, con alto bienestar objetivo, y su grado de bienestar subjetivo depende de otros factores, no de su economía.

Es decir, el dinero no asegura la felicidad. La facilita, si la persona tiene inteligencia emocional y social, dependiendo, por tanto, de otros valores y del estilo de vida.

Pero no son pocas las personas ricas que naufragan con sufrimientos de diferentes tipos. Basta revisar los textos que hemos dedicado a este tema para comprenderlo.

Por otra parte, la salud, la vida personal, familiar y social son muy vulnerables y la probabilidad de que todos tengamos que afrontar el malestar en la vida, algunos de por vida, es propia de la especie humana. Ya lo sabe, si alguien le habla de felicidad, no le tome en serio; salvo que lo haga en el sentido popular del término felicidad, en cuyo caso, en su derecho está.

Félix López Sánchez