La crisis climática no ha desaparecido en la «nueva normalidad»

Si bien es cierto que la pandemia mundial ha exigido una dedicación por parte de los gobiernos casi completa, es imprescindible que los líderes y lideresas sigan teniendo muy presente su compromiso para con generaciones futuras, el medioambiente y la Tierra en general.

Fuente: Amnistía Internacional.

Lucía Corvo Belda

Defensora de los Derechos Humanos

La esperada cumbre mundial del cambio climático prevista para este mes de noviembre 2020 ha sido pospuesta por el coronavirus y finalmente tendrá lugar a finales del año 2021, lo que retrasa un año más los compromisos de los países que participaron en la anterior COP25 de Chile-Madrid, y aunque este cambio resulte imperativo dada la situación que estamos viviendo a nivel mundial, no podemos olvidar que ya en la cumbre del año pasado (2019) las medidas tomadas fueron, a la vista de muchas personas, poco exigentes para con la realidad que vivimos, y las negociaciones sobre la política climática quedaban infestadas por los intereses de la industria de los combustibles fósiles, bloqueando la posibilidad de estar a la altura del reclamo ciudadano. Eso nos podría llevar a la conclusión de que, por desgracia, la Covid-19 podría ser usada como excusa para una mayor desatención de la crisis climática, lo cual no parece estar nada alejado de la realidad.

Si bien es cierto que la pandemia mundial ha exigido una dedicación por parte de los gobiernos casi completa, es imprescindible que los líderes y lideresas sigan teniendo muy presente su compromiso para con generaciones futuras, el medioambiente y la Tierra en general. Parece que nos hemos olvidado de que hay mucho en juego si dejamos de lado la crisis climática. Y sí, la Covid-19 ha requerido un parón en nuestra vida y también un esfuerzo conjunto para combatirla, pero la realidad es que las temperaturas siguen subiendo, y el cambio climático debería seguir siendo una prioridad para los gobiernos y los ciudadanos. La lucha para combatirlo debe seguir ya que, como muchos expertos en el tema han reiterado, la crisis climática sigue siendo la mayor amenaza a largo plazo para el planeta.

Así, este año, que parecía iba a ser el año de la acción climática, se ha visto golpeado y no hemos tenido más remedio que centralizar los esfuerzos en la lucha conjunta contra la Covid-19. Y por supuesto, ha habido y habrá que seguir tomando medidas que intenten paliar los efectos y consecuencias de la misma, pero por ello no se puede olvidar que el desastre climático sigue ahí, provocando innumerables consecuencias a corto y largo plazo, como el aumento de las temperaturas, muchos brotes impredecibles de enfermedades, etc.

Todo esto lo confirman y advierten diversas organizaciones como la ONU, la Organización Meteorológica Mundial (OMM), gran cantidad de expertos, políticos, y también Amnistía Internacional, que ha hecho un llamamiento a los líderes y lideresas mundiales exigiendo la actuación inmediata contra la crisis climática, que, advierte, tendrá inconcebibles consecuencias en las vidas y los derechos humanos de todos los niños y niñas que además siguen luchando y convocando huelgas para que los adultos actúen de una vez y de manera contundente.

En conclusión, el retraso de la COP26 no debería significar en ninguno de los casos posponer la necesaria acción global sobre el cambio climático a la que se han comprometido los países. Y si algo nos ha enseñado la actuación contra la Covid-19 es que se pueden tomar medidas a nivel mundial para combatir lo que efectivamente es una crisis mundial, ya sea sanitaria o climática, porque estamos hablando de amenazas reales. Y aun no teniendo el cambio climático consecuencias a corto plazo tan visibles como el coronavirus, sigue siendo de vital importancia no dejar esa lucha en pausa en estos tiempos, no podemos olvidar que en nuestra «nueva normalidad» la crisis climática sigue siendo parte de nosotros.