La vida

La vida y la muerte. Ya están en el Génesis,  una alegoría perfecta de la humanidad. Caín y todos los cainitas matan descaradamente a su hermano Abel y luego se esconden, huyen de la voz de Dios, que los llama al orden. Cada uno tiene su Dios dentro, es la voz de la conciencia  a la que pienso que es muy difícil taparle la boca, aunque muchos hagan ostentación de que están sobre el bien y el mal. Y no son solo los que matan a su hermano, a su mujer o a sus hijas. Son todos los que hacen la guerra y se forjan su pode y su derecho a matar. Y los que talan un árbol y esquilman los océanos y envenenan la tierra,

La vida es el capullo de la rosa, y el cerezo cubierto de rojos frutos sabrosos, y el pajarillo que se cayó del nido y lo vi esconderse entre las jaras. El ruiseñor que canta en la rama de la encina. Y el niño que se va gestando en el vientre de una madre y viene a la luz de este mundo. Un solo niño es la vida. Y un hombre en la plenitud. Y un viejo en su decrepitud. Y la vida es la tierra y el mar y  todo el universo y las galasias y los soles que no conocemos

¿Y quién  eres tú para talar un árbol, o romper una vida en flor, la de un niño, la de una mujer, la de un hermano? ¿Porqué no dejáis que la naturaleza siga su curso que empieza hace una eternidad y puede llegar hasta otra eternidad? ¿Qué sabemos nosotros? ¿Quiénes sois vosotras y vosotros, mentes decadentes y caducas del siglo XXI, para decretar sobre la vida y la muerte? ¿No os basta con las guerras y la pandemia, que no controláis y metéis las narices donde no os llaman y legisláis cuándo alguien tiene que morir?  ¿Por qué no dejáis, insensatos, que la vida siga su curso natural y empiece y termine  según sus leyes? Lo que hay que hacer es ayudar a vivir. Que la vida sea un canto a la vida y la muerte sea  un rayo de esperanza de vida.

                           Luis Frayle Delgado