Movilidad metropolitana, ¿planificada y sostenible?.

La verdad que tras unos días tan horrorosos como los vividos se hace difícil escribir sobre cualquier cosa, la violencia machista no me permite sentirme parte de una sociedad ejemplar. Parece como si “La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social”, del artículo 10 de la tan cacareada por algunos Constitución no fuera para todas. Y la justicia a veces no lo parece tanto.

Volviendo a nuestras cosas, en el pasado Pleno al Partido Socialista se le ocurrió una Moción para “Proponer al Consejo del Alfoz la realización de un Plan de Movilidad Urbana Sostenible metropolitano, animando a todos los municipios del área metropolitana a sumarse a la elaboración de dicho documento.” Un atrevimiento en la ciudad culmen de la política verde y de sostenibilidad, según había manifestado ya un concejal gobernante. Aunque no tanto como para conocer la Huella de Carbono del Ayuntamiento, quizás no le sonaba.

A pesar del rechazo curiosamente reconocen que la vigencia del Plan finalizaba en 2020. Es lo común, durar 8 años para luego ser evaluado de forma profunda y muy participada como punto de partida para su revisión, elaborar un nuevo Plan. Incluso reconocen la necesidad de su actualización de forma consensuada (si bien esto dicho por el PP requiere una exhaustiva aclaración). También les resulta interesante trabajar con los municipios del alfoz, pero hablan de “la realidad es más compleja de lo que parece. Lo hemos comprobado con el área de prestación conjunta del taxi".

A pesar de todo eso no sacan la conclusión de que elaborar un Plan abarcando toda la verdadera ciudad, no solo Salamanca, sería la solución ideal para reconducir la complejidad y ganar unas bases sólidas para afrontar de verdad los problemas de movilidad. Olvidan que la formación de ese espacio urbano alrededor de Salamanca es consecuencia de las políticas urbanísticas y económicas de la ciudad. La simbiosis es total, y lógicamente la movilidad es muy elevada. O lo conciben así, o los problemas serán irresolubles. Y la calidad de vida, verde y sostenible, estará lejos de ser una realidad.

Por poner un ejemplo, el modelo de transporte publico metropolitano dista mucho de ser un éxito, mal interconectado con el urbano. En general discurre desde los municipios del entorno hasta un punto concreto de la capital. A pesar de su apariencia de unidad, tienen diferentes concesionarios y formas de afrontarlo según las disponibilidades económicas de cada municipio. Y mientras tanto todos los días laborables acceden a la ciudad casi 100.000 viajes en vehículo privado, frente a los 68.000 que genera ella misma en su interior.

La interesante moción socialista resumen bien el escenario diferente al momento en el que se concibió el Plan de Movilidad. Heredero de las políticas de movilidad del último gobierno municipal socialista, reveladas 26 años después como muy avanzadas para nuestra ciudad. La pandemia y la emergencia climática ahondan en la necesidad de cambiar la movilidad urbana, dando decidido protagonismo a caminantes y medios no motorizados como la bicicleta. Su eclosión en muchas ciudades debería verse como una señal de los nuevos tiempos. Y los sistemas de verdadera organización metropolitana hace décadas fueron inventados en países europeos de los que gusta fijarse cuando conviene. Otro error más.