Poemas para homenajear a António Salvado: Emilia González Fernández y Elena Díaz Santana

António Salvado durante un acto de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos, en el Centro de Estudios Brasileños de la Usal (Foto de José Amador Martín)

Dejo conocer las ofrendas que en su momento escribieron las poetas salmantinas Emilia González Fernández y Elena Díaz Santana, cuyos textos salieron publicados en la antología ‘Um extenso continente’, dos volúmenes dedicados al destacado poeta portugués António Salvado. La misma estuvo coordinada por Maria de Lurdes Gouveia Barata, Maria do Sameiro Barroso y por este firmante (A. P. A.)

Emilia González Fernández en los Encuentros… (foto de José Amador Martín)

 

LUZ RUBIA QUE SE COME

...sobre ti me inclino

contigo me confundo

oh tú que eres el principio

y que serás mi fin.

“Tierra”, de António Salvado

 

Trigo es luz que se come,

que fulge al sol pero aguantó cien lunas

de oscuridad y hielo

bajo el lecho de Proserpina.

Emergió en primavera,

con todas sus espigas

iguales del mismo sol,

de la misma luna,

de la tierra y el hielo.

Explanadas de panpara

todos.

Solo arriba

el vendaval quieto del cielo.

Yerra un perfume de carne vegetal,

para todos el

mismo,

para todos

Salvado, Elena Díaz Santana y Elena Liliana Popescu en los Encuentros de Poetas… (Foto de Jacqueline Alencar)

 

Elena Díaz Santana

 

HACIA EL NO SER

El silencio del calor y de la nostalgia.

El silencio de la muerte futura.

El roto silencio de la sorpresa.

António Salvado

La Hora Sagrada.

 

Me preguntas

por qué el silencio habita mi espacio,

cada día más cierto,

posado en mí.

 

Cómo explicar

el miedo a perderte,

el día que el aire

olvide tu nombre.

 

Estoy ante ti cobarde,

asida a tu mano.

Caminas hacia el no ser,

pactas con el silencio

y me arrastras contigo,

aunque sé:

que siempre

habrá palabras

que te nombren.

 

Hasta el olor de esta rosa

callará para siempre.

Nada permanece,

ni lo más puro nació para quedarse.

Portada del primer volumen de la antología, con pintura de Miguel Elías