Patrocinio

Al ser puesto bajo el patrocinio de un santo, se ofrece al cristiano un modelo de caridad y se le asegura su intercesión. Eso dice la Iglesia en el Catecismo del nombre cristiano, el nombre impuesto en el bautismo. Por analogía, al patrocinio de los santos se ha acogido la propia Iglesia en sus diócesis, parroquias y demás instituciones, y también las naciones, las regiones y provincias, las comarcas y pueblos, las ciudades y sus barrios, los gremios y profesiones, y en general las más variopintas realidades humanas. Es la del patrocinio una cuestión que camina hoy entre el olvido, el descuido y la hostilidad. También en la propia Iglesia, donde algunos hacen bandera de no se sabe muy bien qué causa contra lo que a ellos les suena a rancio, a obsoleto, a fuera de lugar. Un sonido bastante artificial el que les suena, procedente en muchos casos de unas partituras que ellos mismos han escrito. Desde fuera, el objetivo es terminar con cualquier vestigio eclesial insertado en la cultura, en una especie de impugnación de la propia cultura, que se ha ido conformando con las influencias de la fe, entre otras, y aflora en el calendario y en el paisaje urbano, en la toponimia y en los museos, en las fiestas y en los duelos…

Salamanca es una más de esas ciudades que, en tiempos, celebró grandes fastos en honor de sus patronos. Durante casi todo el siglo XVII tuvo un patrono no santo sino todavía beato, fray Juan de Sahagún. Tal era el cariño y devoción de los salmantinos hacia quien doscientos años atrás había vivido entre sus antepasados predicando concordias, deslumbrando en milagros y, sobre todo, alcanzando cimas de una hondura espiritual conmovedora cuando celebraba el sacrificio de la Misa. También en la época barroca se concreta el patrocinio de Santa María de la Vega, y es ante esta imagen donde la ciudad se compromete en el voto de defensa de la Inmaculada Concepción.

El patrocinio de San Juan de Sahagún encamina hacia las sendas de la paz, tan urgentes en unas circunstancias históricas de conflicto en las que la verdad se regatea, o se disfraza, o se niega sin más. Esa concordia predicada aun a riesgo de importunar a las banderías es el modelo de caridad que se nos ofrece. Una caridad política incluso, que falta ahora en cada sigla.

En los milagros de San Juan, leídos como prueba del poder de Dios, que se fía de las vacías manos humanas que en Él confían, se nos llena el corazón de asombro y de nombres. En la humildad del que se sabe mero intermediario es como se aprende a ser pequeño.

La piedad eucarística, al fin, es el tesoro que nos sigue regalando el patrono, y en cada altar desierto, en cada sagrario olvidado, en cada gesto de adoración despreciado o descuidado, nos muestra una oportunidad para cambiar e imitar su ejemplo de amor a Cristo en el Santísimo Sacramento.

El patrocinio de San Juan de Sahagún, en definitiva, nos señala al Cielo donde tenemos, junto a Dios, al intercesor que nos defiende y favorece, que defiende y favorece a la ciudad de Salamanca y a toda la diócesis. Así lo creemos y así lo celebramos en este 12 de junio.

 

Fotografía de la festividad de San Juan de Sahagún, año 2020. Autor: Óscar García (Diócesis de Salamanca)