Fiesta del CORPUS CHRISTI 2021 en la Catedral

¡Por fin! Ya era hora de que viéramos la catedral de Salamanca “medio llena”, aunque algunos la vieran medio vacía, que también es verdad que lo estaba. Algunos se han enfadado ante las flagrantes ausencias, pues han faltado sacerdotes, Cofradías, laicos católicos, incluso niños de Primera Comunión, que no han venido porque no les hemos llamado. Y es que, durante toda la pandemia, que todavía no ha concluido –confiemos en que no repunte- los responsables de las parroquias, iglesias, ermitas y catedrales hemos procurado mantener una actitud responsable, respetando escrupulosamente las normas sanitarias, aunque a veces no las hayamos entendido, por ejemplo, cuando el aforo de la catedral estuvo limitado a 25 personas, obispo, canónigos, monaguillos y porteros incluidos; protestamos razonadamente en su momento y, tal vez por ello, ahora la pelota ha sido lanzada en exclusiva a nuestro tejado, pues la norma actual es una mezcla de no norma –no hay limitación de aforo para las celebraciones religiosas- y sí norma –deben mantenerse la distancia social y el uso de mascarillas- que debe ser gestionada en exclusiva bajo la responsabilidad de los responsables del templo.

     ¿Qué hacer en esta circunstancia? ¿Invitar, por ejemplo, a 20 niños que acaben de celebrar su Primera Comunión? A ver, calculemos: diez personas por cada niño –papás, abuelos, padrinos, la tía Rufa y el vecino Aurelio, de toda la vida- serían en total doscientas, con lo cual solo quedarían ciento y pocas plazas para todos los demás –recuérdese que la responsabilidad de posibles aglomeraciones es de los encargados de cada iglesia y no se deben favorecer situaciones que propicien eventuales contagios, pues la pandemia no ha terminado, por más que parezca encarrilada con las vacunaciones, no lo olvidemos. También se podría haber cerrado la catedral para evitar turistas y curiosos; pero, si ya no hay límite de aforo ¿se puede y se debe evitar una entrada moderada de turistas y curiosos, atraídos por la belleza de la música y de la Liturgia en general? ¿No es propio de los templos católicos estar abiertos para que entre quien quiera, sin distinción de religión, con tal de que mantenga una actitud respetuosa?

     En estas condiciones de limitación responsable se celebró en la catedral y en el resto de los templos católicos de la diócesis, el Día nacional de la Caridad, el Día de Cáritas. Lo primero que me viene a la imaginación es que Caritas no es una oenegé de la Iglesia, sino que Cáritas es la misma Iglesia que está cercana a los pobres, sin preguntarles tampoco por su religión, ideología o condición. “Pobres los tendréis siempre entre vosotros”, dijo Jesús (cf. Mt. 26, 11)…y más en tiempos de pandemia, podría haber añadido, pero eso lo dejó a nuestra imaginación, a nuestra conciencia y a nuestro compromiso. En la homilía –se puede seguir la celebración íntegra en el canal de YouTube de la diócesis- nuestro obispo destacó, como no podría ser de otra manera, que el amor a los pobres y nuestra relación de ayuda con ellos, se basa en el amor que Dios Padre nos tiene y en la propia entrega del Hijo, Jesucristo, hasta lavarnos los pies y dar su vida “por muchos”, que en arameo, la lengua con la que Jesús se dirigía al Padre en la oración, significa “por todos” y la prueba del nueve de ese “por todos” son los pobres, los migrantes, los refugiados, los excluidos, los que no tienen hogar, los que han acentuado su soledad por la pandemia.

     No puedo insistir en todos los detalles de la homilía de nuestro obispo, enjundiosa como siempre, pero destacaré un par de ellos: nos recordó que Caritas trabaja “en red” y citó el compromiso del Consistorio municipal de Salamanca para proporcionar alojamiento durante la pandemia a los que no tienen hogar en el Albergue “Lazarillo”. Entre los presentes había también personas comprometidas con Proyecto Hombre, con Cruz Roja y me acordé también de la gente de Ymca y del compromiso social y caritativo en el que están progresando las Cofradías y otras muchas asociaciones, oenegés y personas particulares, porque “todo el que ama conoce a Dios” (cf. I Jn. 4, 7), o sea, está cerca de Dios, es “parte de su familia”, aunque no todos lo vean así. De modo que ese trabajo en red, que me consta realiza Cáritas, es ampliable a todas las personas, organizaciones y a las instituciones y gobiernos locales, provinciales, regionales y nacionales y mundiales que quieran estar cerca de los pobres y apoyarles para conservar y ejercer su dignidad de personas.

     La fe cristiana es corporal (del latín “Corpus”), no es un efluvio espiritual, diluible en la insoportable levedad del ser, aunque me temo que esa “levedad” duele mucho y es humanamente grave, pesada, ni un manual de autoayuda, sino más bien una práctica de heteroayuda, de encuentro con el “otro”, con el –a veces- insoportablemente distinto, para vivir con él la fraternidad, porque él también es imagen de Dios.