El arte de tocarnos las narices

Llegó el 1 de junio y con él la tan anunciada subida de las tarifas eléctricas. En un ejercicio de paciencia me he tomado la molestia de revisar al detalle la información de las nuevas tarifas. No es cuestión de que el próximo recibo desajuste mi presupuesto por no perder unos minutos en averiguar cuál me conviene. Empecemos pues por el principio.

Razones de la subida

La subida tiene como objetivo principal la mejora de la eficiencia energética. Este punto mejor me lo salto. Doy por hecho que no voy a entender las enrevesadas explicaciones de costumbre, y si las entiendo, no me las voy a creer. Ellos son los que saben todo, los que nunca se equivocan, los que solo piensan en no vaciar nuestros bolsillos, y cuestionar sus decisiones es signo de ignorancia… Buena gana de llevarles la contraria para perder tiempo.

Novedades

De seis tarifas diferentes pasa a quedar en una sola que se divide en tres tramos horarios: punta, llano y valle, que tendrán precios distintos. Por lógica me interesa el tramo más barato, pero vamos a ver, que lo barato suele ser caro.

Tramo 1: punta

El nombre es perfecto. Son las horas de mayor consumo. También el tramo más caro. Comprende de 10 de la mañana a 2 de la tarde y de 6 de la tarde a 10 de la noche de lunes a viernes. De este tramo hay que huir. Es el que aprovechan para ingresar más de lo que van a perder en otros tramos. Y aquí está el problema: son las horas de encender la vitrocerámica para hacer desayunos, comidas, meriendas y cenas, y si gastamos tanto en luz, acabaremos sin tener para comprar comida. Queda descartado.

Tramo 2: llano

 Este nombre tiene poco de llano. Más bien debería llamarse en cuesta, hacia arriba o hacia abajo, pero en cuesta sería lo acertado. Comprende de 8 de la mañana a 10, de 2 de la tarde a 6 y de 10 de la noche a 12. El precio ni es caro ni es barato, es intermedio. Pero surge el problema: en las dos horas de la mañana es imposible lavar, planchar y asear la casa. Si a las 2 de la tarde se puede estar en casa, solo quedan dos opciones: o rematar lo que quedó a medias, o hacer las tareas propias de esa hora. Y a las 10 de la noche, con tantos trajines de reloj para cumplir el horario, ya no quedan fuerzas ni para ver la hora que marcan las agujas, con lo que la casa siempre estará patasarriba. Queda descartado.

Tramo 3: valle

Este nombre no me cuadra de ninguna de las maneras. Quizá se haya elegido porque en los valles no hay luces para encender, nos alumbramos con el sol o la luna, y si la oscuridad lo impide, se recurre al móvil, siempre que no se agote la batería y no se pueda recargar. Comprende desde las 12 de la noche hasta las 8 de la mañana y es el tramo más barato. Pero aquí el problema se convierte en problemón: si a tales horas nos da por poner la lavadora, el lavavajillas, la aspiradora y demás electrodomésticos, los vecinos que no hayan optado por dormir la siesta y trabajar de noche, volarían a denunciarnos al ayuntamiento, el ayuntamiento volaría a multarnos, y lo que ahorráramos de luz, lo gastaríamos en multas. También queda descartado.

Otra posibilidad

Los fines de semana y los festivos de ámbito nacional no sustituibles y con fecha fija tendrán otro horario: se establece que en estas fechas todas las horas serán valle. Este tramo es el de más ventajas para la mayoría de los hogares, pero cumplirlo supone el tener que renunciar a hacer la compra de la semana, disfrutar de un corto viaje o salir a celebrar cualquier evento familiar ahora que el virus empieza a darnos algún respiro. Y lo más grave: ¿Qué hacemos con tanta ropa esperando a pasar por la lavadora y tantos platos esperando a pasar por el lavavajillas hasta que llegue el sábado, el domingo o el día festivo?

Visto lo visto esto no es otra cosa que el arte de tocarnos las narices. La información puede resumirse en pocos pasos. Veamos: el pasado día 1 subieron las tarifas eléctricas y pasará lo de siempre: que los clientes verán mermar sus presupuestos y las eléctricas crecer sus ingresos, y los que puedan pagar la factura tendrán luz a cualquier hora y cualquier día, y los que no puedan hacerlo tendrán que volver al brasero, al candil y al fogón de nuestros antepasados.