La iglesia de san Juan de Turra

He mirado bien y no he encontrado a Turra en la lista de los pueblos que repobló Alfonso IX, en 1224. Quizás esta aldea no pertenecía aún al territorio de Alba, porque, parece ser que, por el significado de su topónimo, estaba en el límite o frontera entre dos reinos, posiblemente, entre los reinos cristiano y musulmán. Gayat (Gajates), “límite”, “frontera”, según opinión de Llorente Maldonado) podía estar del lado de acá, y Turra, del lado de allá. Por el motivo que fuere, no figuraba en el alfoz de Alba en aquel momento. Pudo ser un pueblo poblado por mozárabes, en connivencia con mudéjares, pues es un hecho su presencia por la cantidad de iglesias que se construyen en la zona, durante los siglos XII, XII y XIV, y se proyecta por el entorno de otras provincias limítrofes, como Ávila y Valladolid.

La iglesia de Turra es aneja de la parroquia de Pedrosillo, como sucede con la de Galleguillos que pasa a ser filial de la de Gajates; como lo fue también, antiguamente, la de san Boal del despoblado de Valeros. Conserva, de su originalidad, su cabecera, lo demás son añadidos que se han ido incorporando, debido al deterioro que han sufrido sus muros y cubiertas, fruto de la humedad que envuelve el ambiente. Y nos pueden dar luz sobre estos aderezos y configuración actual los libros de fábrica de la iglesia. No se conserva mucho material del archivo parroquial, únicamente, nos ha llegado la fábrica de 1604 a 1700. Y, por este documento, sabemos que, en 1609, hubo que levantar una pared de la iglesia, no especifica cual;  en 1618, su Señoría mandó se cierre la ventana que está al lado de la epístola junto al altar mayor, y que se abra, al mismo lado, más atrás del arco, otra mayor. Se interrumpe el informe económico, para comunicarnos, que, a finales del siglo XVI, Turra dispone de una ermita en honor de san Benito, que lo orlaba un arco de yeso y adobe; y que también fue víctima de la humedad reinante en el término; en 1620, hubo que hacerle un socalzo a las paredes de la ermita, con alguna piedra crecida, porque estaban muy desgastadas y carcomidas.

La humedad, con el añadido de la fragilidad de sus materiales, han sido las causas de que estos edificios hayan perdido su originalidad, y que se mantengan en pie gracias a los aderezos a que se les ha sometido en el tiempo. Todos ellos nos muestran como reliquia su ábside y capilla, que se debe a la consistencia de su curvatura de bóveda de cañón acostada y, al refuerzo del esqueleto de arquerías ciegas superpuestas, que lo faja y consolida.

Por este inconveniente de la humedad, una de las tareas que se llevaron, como primordial en su proyecto de restauración fue el saneamiento de las humedades mediante la apertura de una zanja de ventilación perimetral en la cara posterior del muro de cerramiento, con unas rejillas en la cara superior.

Escrito de 13 de enero 1982, de Matías Prieto Espinosa.

La iglesia tiene gran valor arquitectónico por su esbeltez y originalidad de los arcos del ábside. Este verano, con la ayuda de algunos vecinos se ha trasladado el retablo barroco a un lateral de la nave y se ha picado todo el ábside dando luz a su belleza, y descubriendo sus tres ventanas. La estructura está en buenas condiciones, pero necesita una restauración.  Por la parte exterior, el ábside tiene comido el cimiento,  y urge su restauración,

La iglesia de Turra declarada Bien de Interés Cultural, el 3 de junio de 1993.