Descifrando códigos imposibles 

Cada vez que hay un cambio de cualquier tipo, nos sentimos un poco revolucionados por dentro hasta que nos adaptamos y nos acomodamos a él. Pero hay cambios difíciles de digerir.

Si ya era complicado comprender los recibos de las compañías eléctricas, (más enrevesadas de descifrar que el Código de Hamurabi en su momento), ahora se vuelve una tarea de ingeniería. Me pregunto para qué hemos pagado durante tantos años tantas tasas añadidas en apartados del recibo que destinaban a algo así como “Inversiones”, (por cierto, nunca se nos repartió el porcentaje de ganancia que nos hubiera correspondido a tal desembolso, ya que acaban año tras año con superávit); para qué tanto gasto en montar energía eólica, para qué tantas cosas… Todo esto, en un país con tantas horas de sol… Por qué no usaremos este regalo del astro que nos baña, reflexiono, y sólo lo destinamos a tostar pieles blancas, vuelta y vuelta, como única “industria” de la que nos empeñamos en vivir en España. Y se añade una realidad, contumaz, según las hemerotecas, y es que algunas de sus señorías, de cualquier gama del abanico parlamentario, cuando se retiran de la política pasan a ocupar grandes puestos, de buenos sueldazos, en las empresas eléctricas.

Disquisiciones aparte, el caso es que aquí estoy, gráfico en mano, a ver cómo logro hacerme con las novedades horarias.

Cuando pienso en esas lavadoras puestas en funcionamiento en tarifa de 12 de la noche a las 8 de la mañana se me viene a la cabeza el ruido que harían en tanto silencio, y sólo se me ocurren en el contexto de una gran mansión. Sí, uno de esos casoplones, que salen en ciertas revistas y en algunos programas de la tele, con doce cuartos de baño y habitaciones para un regimiento en las que, adosada, hay un ala para el servicio (no me refiero ahora a más cuartos de baño, sino al personal), que en los turnos correspondientes las conectarían para ahorrar un dinero que, a buen seguro, a los dueños de tan imponentes moradas les traería al fresco. El conflicto es cuando, esos euros de diferencia en el gasto que suman todos los electrodomésticos de una vivienda, son vitales para sus habitantes, que sobreviven en un lugar bastante “recogidito” en el que todas las piezas de la casa están muy próximas. Porque ahí sí que haría falta montar un buen cronograma con los horarios de cada miembro, tanto de trabajo como de descanso, ya que se corre el riesgo de que cuando uno está en la fase de sueño reparador, le toque a otro lavar la ropa, que con el traca traca trá del centrifugado haría subir el grado de estrés ya habitual, y acabarían las familias como el rosario de la aurora. Y qué decir de los sufridos vecinos de abajo, sin comerlo ni beberlo, además del traca traca trá van a escuchar discusiones a deshoras. Que los pobrecillos ya oyen a diario el troco troco troco tró de esa lavadora sin calzar. La mayoría, que suelen ser siempre los de arriba, sean quienes sean, desconoce que tal electrodoméstico tiene unas ruedecitas que ajustan las patas para que asienten bien y no parezca que sale corriendo como un potro desbocado después del segundo aclarado.

Por más que intento cuadrar, no me sale lo del ahorro, porque claro… no tiene sentido lavar los platos antes de las comidas, lo suyo es hacerlo después de haberlos usado, ¿no? Así que ¡vamos a tener que cenar a partir de las doce de la noche para poner el lavavajillas en tarifa barata! ¡No se me ocurre otra solución!

Las luces del pasillo, por cierto, consumen mucho. Pues… cada vez que haya que ir de 10 a 12 de la noche de una habitación a otra, incluso al cuarto de baño, iremos a tientas. Al fin y al cabo, llevamos muchos años viviendo en esta casa, ya la conocemos bien, y si nos acostumbramos a contar los pasos que hay de unos sitios a otros, va a ser pan comido.

Tema tele. La veíamos a diario de 10 a 12 de la noche… Pues nada… Ahora se ve a la hora que queramos los Sábados, Domingos, Festivos nacionales, cumpleaños y fiestas de guardar. Bueno, y de Lunes a Viernes a partir de medianoche, mientras cenamos y hasta que acabe el lavaplatos. No, si al final, ¡todo cuadra!

Ordenadores, tabletas, libros electrónicos, relojes digitales, teléfonos móviles… ¡Ya está! ¡Todos se cargan por la noche! (a ver… trece, catorce, quince… ¡uy! ¡Voy a tener que poner más enchufes en la casa para poder conectarlos todos a la vez!…).

Y así, una a una, voy tomando decisiones de ahorro que aplicamos sin demora para afrontar los nuevos tramos. Pronto le cogemos el tranquillo, y van pasando los días.

Ya ha llegado la factura, y comienzo a revisar cuentas. Hemos pagado lo de siempre, ¡yo sabía que todas esas medidas iban a dar resultado!

El problema es que poner más enchufes ha salido por un pico. Para ahorrar en la tarifa tuvimos que comprar un aspirador autónomo y supersilencioso que también ha costado un pastizal. Lo peor es que de madrugada me levanté al baño y me tropecé con él, que estaba pululando por la casa, y tengo un brazo en cabestrillo. El niño se ha hecho un chichón en la frente porque se equivocó contando los pasos por el pasillo en horario de 10 a 12 de la noche, y se dio un buen coscorrón con el marco de la puerta. Estamos apenados de no saber cómo acababa nuestra serie favorita. Los programas que salen a partir de medianoche son de incitación al juego, así que ya no vemos la tele. Nos acostamos después de cenar, a las tantas, pero el vecino bricomaniaco, que se ponía todos los días a las ocho con el taladro, ahora, para adaptarse a la tarifa barata, empieza a las 7 de la mañana, que debe tener la casa más llena de boquetes que un queso de Gruyère (¡yo no me explico dónde le caben tantos agujeros!). Todos tenemos los nervios destrozados, y ahora lo que ahorramos en el recibo de la luz nos lo gastamos en cientos de infusiones relajantes que nos tomamos a cubos.

Creo que deberíamos contratar en nuestra comunidad a Eusebio. Admirador del famoso ciclista Induráin, ahora, ya jubilado, se pasa las mañanas y las tardes pedaleando con afán en la bici estática que hay en el parquecito. Le da con tanto ánimo y durante tantas horas tanto en invierno como en verano, que si instalamos una de estas en el portal y la conectamos a un generador, tendremos resuelto el aire acondicionado del edificio ¡sin depender para ello de ninguna compañía! Si ponemos unas cuantas más para el vecindario, con unos acumuladores de energía, solucionamos la calefacción del invierno que viene ¡No sé cómo no se nos había ocurrido antes!