Amnistía Internacional denuncia abusos de los gobiernos durante la pandemia

Desde el inicio de la pandemia global de la Covid-19, los gobiernos estatales se vieron forzados a tomar medidas de urgencia para paliar la crisis sanitaria que estaba generando el virus. Estas medidas han ido acompañadas de numerosas y graves violaciones de los derechos humanos en algunos países.

 

Daniel Cebrián López

Defensor de los Derechos Humanos

En diversos países la represión ha tenido un gran impacto, de modo que en Colombia y Marruecos la actuación en contra de los periodistas, activistas y en general las personas que formaban parte de la oposición del estado ha sido particularmente intensa; en otros países como Egipto, India, Irán y Turquía, la situación para las personas encarceladas injustamente ha empeorado muy considerablemente a medida que iba avanzando la pandemia y el número de detenidos se incrementaba. Amnistía Internacional denuncia las pésimas condiciones de vida de los presos de conciencia y exige su excarcelación.

La brutalidad policial es un aspecto a destacar en gran cantidad de lugares. Las autoridades búlgaras y eslovacas han aprovechado para reprimir a colectivos vulnerables que ellos consideran peligrosos para sus proyectos, y así las minorías étnicas romaníes, han sido forzadas a permanecer en cuarentena obligatoria en sus asentamientos, en condiciones inadmisibles. Esta situación de represión racial y abuso policial se repite como una variable fija en diferentes países tanto europeos como americanos.

En España la atención a la sanidad pública se ha visto tan mermada por recortes y otras medidas lesivas, que una gran cantidad de personas mayores han sido dejadas morir abandonadas en residencias, ya que no fueron atendidas ni derivadas a hospitales cuando la situación lo requería. A las personas que han vivido esta situación no se les ha permitido ni siquiera despedirse de sus familiares, pues han sido aisladas sin ningún tipo de asistencia sanitaria como la requerida en estas situaciones.

A pesar de ello, los medios de comunicación sí que tenían autorización para entrar a grabar y difundir información a veces poco contrastada tendente a minimizar la gravedad de las situaciones vividas por personas aisladas y privadas de sus derechos fundamentales.

También la libertad de expresión se ha visto gravemente mermada por la situación de la pandemia. En países como China se llegó a censurar los medios de comunicación como medio de cortar el acceso de información para todos los ciudadanos. En otros países, como por ejemplo Turquía, la situación parece todavía más inverosímil, ya que se ha detenido a ciudadanos por twittear, y todavía peor la situación que se vivió en Turkmenistán, donde el gobierno prohibió el usar la palabra que designa la enfermedad. Y a estas situaciones se añaden las medidas contra la pandemia, algunas simplemente coincidentes con los intereses de cada gobierno. Cualquier idea diferente quieren que sea penalizada y criminalizada, haciendo que el pueblo marche al unísono de los pasos marcados por el gobierno.

También los derechos de las mujeres se han visto aminorados por la situación. Si ya previamente a la pandemia existía un 20% de mujeres en Europa maltratadas por sus parejas, con las restricciones de movilidad y confinamientos estrictos, las familias se han visto en problemáticas de abusos, ya que las mujeres han quedado a merced de sus maltratadores.

La experiencia ha demostrado que en situaciones graves socialmente como la que vivimos a causa de la pandemia, la defensa de los derechos fundamentales de las personas y colectivos, especialmente si son vulnerables, ha de ser tenida muy en cuenta por los ciudadanos, las autoridades y las organizaciones que velan por ellos para evitar la constelación de abusos que hemos señalado.