El Corpus

 

El jueves de Corpus ya no brilla más que el sol, su brillantez se la ha cedido al domingo Sacramento, que, ahora, ejerce todas las funciones y solemnidades: las funciones y solemnidades de siempre, aunque el boato sea más discreto. Años atrás, el ser mayordomo del Señor daba mucho prestigio social y era, además, señal de posibles, de gozar de una cierta fortuna y de vivir en un notorio desahogo; pero, actualmente, las cosas han cambiado a mejor, y todo el mundo puede acceder a tomar las varas con la naturalidad de la igualdad y del derecho que acompaña al ser humano; hoy lo del prestigio queda a un lado, y se mantiene la devoción y la religiosidad a todo lo sagrado y santo, que se vive y se siente desde las convicciones más íntimas y personales.

Siguiendo el guión de la tradición, la mayordomía del Señor se inicia el tercer domingo de julio con la misa "nueva"; y sigue con la celebración de la misa minerva y procesión con el Santísimo dentro del recinto de la iglesia, durante los terceros domingos de cada mes.

Yo no sé si tú conoces el porqué se llamaba Minerva esta misa y por qué se celebra el tercer domingo de cada mes. Lo de misa minerva viene de la iglesia romana de Santa María sopra Minerva, un templo cristiano levantado sobre otro pagano, dedicado a Minerva, diosa romana de la sabiduría; y lo de celebrarse la misa Minerva los terceros domingos de cada mes, tiene su origen en Tomás de Stella, un dominico, quien fundó (en 1539) la cofradía de la Minerva, que tenía su sede en la iglesia que hemos nombrado, (templo de Minerva), cuya principal característica era la defensa de la Eucaristía, y los cofrades estaban obligados a asistir los terceros domingos de cada mes a una misa con la exposición del Santísimo. Esta celebración eucarística se extendió por toda Europa y dio origen la festividad del Corpus, el Cuerpo de Cristo.

Los preparativos de la fiesta de más brillantez del calendario litúrgico se iniciaba el domingo de la Trinidad, el domingo anterior al Corpus; ese día, los mayordomos y muñidores recorren las calles del pueblo, por donde ha de pasar la procesión del Santísimo, para invitar a los amigos y familiares, a que se presten a instalar una mesa-altar, en que pueda descansar el Señor durante unos instantes de la misma; el familiar o amigo acepta gustoso tal distinción y se esmera en preparar el altar con toda dignidad y galanura. El mismo domingo, los mayordomos y muñidores, acompañados por la música, visitaban a los enfermos; la víspera, al mediodía, y, al toque de oración, subían con los músicos al campanario y anunciaban con cohetes y música el comienzo de la fiesta.

En todas las mayordomías, el cohete anuncia algo grande y solemne; pero es, precisamente, en la función del Señor cuando lo majestuoso, el sentimiento religioso, lo ritual y el boato externo alcanzan lo sublime. Hasta la música de la dulzaina marca la diferencia. El Jueves de Corpus era un día brillante, de fiesta, de traje nuevo y de traje charro, que desafía al sol con sus filigranas y abalorios. Elegancia. Gracia, garbo y algo de altanería se conjugan para ensalzar la función más importante del calendario litúrgico macoterano.

De todos es bien conocido que la fiesta del Señor se compartía entre el Jueves de Corpus y el Domingo Sacramento: el Jueves de Corpus se hacía cargo del ritual el mayordomo de más edad; y el domingo, correspondía el protagonismo al más joven; eran días de mucho trajín, de muchos preparativos, de mucha elegancia y de mucha esplendidez. El día del Corpus amanecía con galanuras especiales. La casa del mayordomo mayor se despertaba muy temprano: había que preparar el banquete, llevar los asados al horno, colocar en las bandejas los bizcochos y las pastas, llenar las jarras de vino dorado y clarete; después, los muñidores y muñidoras comenzaban el ceremonial: había que estrenar el traje él y ella, rodeada de damas, se embutía en el elegante y valioso traje de charra: con sus joyas, dengue, guantes y pañuelo del moco en la mano derecha. El muñidor, seguido por la música, salía de casa en busca del muñidor del otro compañero; los dos juntos pasaban a recoger a la muñidora; los tres, en cortejo, pasaban a recoger a la segunda muñidora. Todos juntos, encabezados por los dos mayordomos y con el acompañamiento de familiares e invitados, marchaban a la iglesia a la celebración de los actos religiosos del día. Ese día, se traía un predicador de solera; después de la misa, la procesión con el Santísimo por las calles principales del pueblo. Asistía y asiste todo el mundo. El pueblo vibra con la fiesta y comparte solemnidad.

El Domingo Sacramento, se llevaban a cabo los mismos actos, con la misma solemnidad; la única diferencia estaba en que la procesión se celebraba por la tarde y alrededor de la iglesia; como final, la entrega de varas a los mayordomos entrantes, Un acto lleno de emoción, en el que no faltan palabras entrañables y alusivas a la Eucaristía. En los últimos años, hemos visto como una familia se queda con las dos varas. La figura tradicional del compañero ha pasado a mejor vida.