‘España’, poema leído por José Antonio Santano

José Antonio Santano en una de sus intervenciones en Heterodoxos

 

Agradezco al poeta José Antonio Santano (Baena, Córdoba, 1957), quien, desde Almería, ha puesto su voz a un poema mío contenido en el libro ‘Los éxodos, los exilios’. Me sorprendió, gratamente, recibir el enlace de su canal ‘Heterodoxos (Poesía española contemporánea’, que mantiene en Youtube:

 

https://www.youtube.com/watch?v=TVWwbos19W0

 

 

Santano es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Almería, poeta , narrador y crítico. Autor de más de 20 libros, entre los que destacan: Profecía de Otoño (Sevilla, 1994), Exilio en Caridemo (Almería, 1998), Íntima heredad (Endymion, Madrid, 1998), La piedra escrita (Alhulia. Salobreña, 2000), finalista Premio Nacional de la Crítica 2000; Suerte de alquimia (Alhulia. Salobreña, 2003), finalista del Premio Andalucía de la Crítica 2003, Trasmar (Alhulia, Salobreña, 2005), Premio Andalucía de la Crítica “Ópera Prima de narrativa”, 2005; Las edades de arcilla (Alhulia, Salobreña, 2005); Razón de ser, Tiempo gris de cosmos. Premio del Gremio de Libreros de Almería al mejor libro de 2014. Nazarí (Granada, 2014), Memorial de silencios (Ediciones en Huida Sevilla, 2014), Los silencios de La Cava (Alhulia, Salobreña, 2015), La voz ausente (Alhulia, 2017), Antología de Poesía Iberoamericana Actual (ExLibric, 2018), Lunas de Oriente (Dauro, 2018), Cielo y Chanca (Alhulia, 2019), Tierra madre (Alhulia, 2019, Premio Diputación de Guadalajara, 2017), y Marparaíso (Ed. Diputación de Córdoba, Casa de Galicia, XXIV Premio Internacional “Rosalía de Castro” 2019), entre otros.

 

 

ESPAÑA

 

¿Cómo cicatrizarían, si yo no pisara su Suelo,

las imperiosas travesías de aquellos ancestros míos

que no volvieron

aquí. Demasiada peripecia la del hambre

de la gente que aún siento dentro, moviéndose en

mi propia sangre como poniendo esparadrapos a su nostalgia,

como volviendo conmigo después de haber surcado

grandes ríos, selvas de un reino ajeno

donde nidificaron sus sueños sobre el caucho

que crecía en los confines.

 

Y como soy fruto de tantas resurrecciones,

respiro a años luz

con el pulmón eléctrico de la realidad

relampagueando soles movedizos, uno, dos, tres, cuatro,

cinco lustros después de mi llegada

hasta el fondo de cuanto miro en la ciudad

que ya es mi Patria

acelerándome verdaderos sentimientos de verdad.

 

Un día y otro así es mi proeza

pues tengo el linaje hecho espléndido mapa genético

o huella de ADN

por todo lugar donde pido albergue

y además recibo pan con queso para paladear el vino

que me aferra al porvenir

de mi unigénito, del mensajero de mi destino,

del gestado en esta morada levantada

más arriba del olvido.

 

España no se convierte en nube

o en constelación apenas mensurable por el espacio

virgen. España se me endereza en el torso a la señal de brío

o combustión. Y, aunque en tierra,

soy una pupila en las aguas del Tormes fluyendo

hacia el mar de Oporto; soy un Lazarillo

que fija su equilibrio lejos de las delirantes galas; soy

el visitante eterno que cuenta, una a una,

las piedras de su Salamanca.

 

Éste es el suelo

donde daré el paso final un día de invierno,

cuando escuche el ruido del ancla

y me abrace al rey desnudo cuya corona brilla por el planeta

de mi alma, más allá de la frontera del cielo.

Ésta es la tierra donde volví para redimir a los ancestros.

Esta es la patria que admite blindadas apariciones

en mi vena primitiva.

Esta es la España donde me desposé y

donde cumplo la promesa de ser cazador y presa, de amar

valsando con mi dulce dama.

 

Aquí me refrigero, sin edictos ni periodos de prueba.

Aquí oriento al hijo de mi felicidad.

Aquí doy testimonio de todos mis acentos.

Aquí atravieso los siglos, con el fulgor azul de los

encantamientos.