Matemáticas

“Nuestro estudio primero ha debido ser el de los individuos; solo después de considerar sus propiedades particulares y palpables hemos examinado, por abstracción de nuestro intelecto, las propiedades generales y comunes y formado la Metafísica y la Geometría”. J.P. D’ALEMBERT,  Discurso preliminar de La Enciclopedia, 1759.

La manipulación, la interesada utilización y hasta el chalaneo que, en toda la etapa democrática española, los diferentes partidos políticos han realizado con los planes, las leyes, los procedimientos y hasta los contenidos referidos a la enseñanza, la educación, la formación y la instrucción de este país, mezclado todo con la intragable papilla de una desacertada concepción de la descentralización administrativa, ha cristalizado en una situación en que la enseñanza y el modelo pedagógico se han convertido en crisol de ocurrencias, volátiles experimentos y fútiles pruebas que contribuyen a mantener los niveles de (in)competencia del alumnado español, situado una y otra vez en la cola de cualquier encuesta o sondeo.

Después del manoseo a que la Filosofía ha sido y es sometida en los planes de enseñanza, hundiéndose hoy en una deriva de incompetencia y conveniencia burocrática que sin duda la convertirá pronto en optativa, curiosidad extraescolar o materia marginal sin valor académico ni curricular, es ahora la asignatura de Matemáticas la que ha sido puesta en el punto de mira del utilitarismo político y la ya tradicional incompetencia española de gestión educativa, con propuestas que quieren desvirtuar la materia mezclándola como asignatura con la Biología, la Tecnología y otras.

Las matemáticas, como elemento trasversal y lenguaje indispensable en todas las materias de la enseñanza, hacen que la defensa de su estudio particularizado se convierta en una obviedad. Las matemáticas vehiculan el lenguaje científico, y sus reglas, opciones, posibilidades y amplitud las caracterizan como el principal instrumento para el razonamiento abstracto y, por tanto, una herramienta fundamental en la formación de la persona. El desarrollo del pensamiento lógico-deductivo contribuye firmemente a la adquisición de una visión crítica del entorno por parte del individuo, desarrollando la capacidad de planificación y abordando estrategias de gestión y resolución de problemas en la vida real. Frente a un mundo vertiginoso de estímulos constantes, las matemáticas requieren entrenar la concentración y la persistencia, elementos capitales en la formación de la capacidad crítica de las personas.

Seguir argumentando razones para defender la pervivencia de las matemáticas como asignatura no solo individualizada sino, a ser posible, potenciada en los planes educativos, sobre todo de los niveles primario y secundario, podría llenar miles de páginas. Sin embargo, los argumentos para su abaratamiento, su constricción y su desnaturalización en los planes de enseñanza, pueden agruparse en una sola palabra: retroceso. Y es sintomático de una profunda intención de adocenamiento general de la población, que sean la Filosofía y las Matemáticas, las dos materias del pensamiento puro, las dianas del reduccionismo y de los ataques de una clase política dedicada al parecer a la sola labor de su propia pervivencia.

Una de las grandes tareas pendientes de este país, es la reforma de unos planes, y sobre todo unas formas de enseñanza sin apenas variación durante siglos en sus procedimientos y objetivos. Tarea es repensar la figura y el cometido del profesor, la función del educador y las atribuciones del enseñante, o delimitar racionalmente los espacios pedagógicos, definir los territorios didácticos y orientar las nuevas visiones y propuestas educativas, ámbitos, proyectos y fines, asuntos que llevan urgiendo a la sociedad española (no tanto, ay, a los enseñantes) desde hace muchos años. Pero hacerlo por enmascarar los resultados del informe PISA que nos sitúa en la cola de la competencia (si la asignatura de Matemáticas no existe, parecen pensar los "expertos", ya no podrán calificar el –bajo- nivel de nuestros alumnos en esa materia), o sustituir la necesaria reforma de la enseñanza por una puntual reducción epidérmica de asignaturas (cuantas menos haya, siguen “razonando”, menos cates nos darán los informes), o hacer una mezcolanza empobrecedora de asignaturas “para hacerlo todo menos enciclopédico” (la ministra de Educación dixit), es una mezquina forma de la táctica del avestruz.

La empleabilidad, las necesidades empresariales, el utilitarismo o la competitividad educativa, no pueden ser argumentos para vaciar una asignatura que, como Matemáticas, contribuye al desarrollo de la sociedad en general formando ciudadanos libres y responsables en sus actuaciones individuales.

Las matemáticas tienen valor más allá del álgebra abstracta, de la geometría algebraica y la topología; son más valiosas que sus creaciones de análisis de variable compleja, de sistemas dinámicos, de computación y análisis numérico; mucho más hermosas que la teoría de juegos, la estructura de grafos o el cálculo de nudos; mucho más altas que su utilidad inmediata en el vivir, que la posibilidad de contar, que la fortuna de poder medir y la seguridad de saber pesar; más deslumbrantes que los brillantes laberintos de la probabilidad, del complejo azar y de la música del big data o del temblor del algoritmo...; más grandes que Gauss, que Pitágoras y que Riemann, las matemáticas son... una forma de la libertad.