La banca nunca pierde

"Tú ponle donde haya, que ya se encargará él de coger”.  Eso decía mi abuelo sobre un codicioso y es algo que viene a pelo a propósito de algunos banqueros y políticos con poca vergüenza. Y cuando se da esa doble condición de banquero y político en la misma persona la codicia alcanza lo superlativo. Ese ha sido el caso, por ejemplo, de un Jordi Pujol o un Rodrigo Rato, cuya avidez pecuniaria fue tanto más asombrosa cuanto que ya venían de familias ricas dedicadas a las finanzas.

Ahora tenemos otro episodio en el consejo de administración de Caixabank, donde los directivos, señores Goirigolzarri y Gortázar, han decidido subirse el sueldo hasta 1,65 y 3,4  millones de euros, respectivamente. Tales “sueldos base" podrían incrementarse hasta un 50 % más en el caso de que se cumplan los objetivos de la entidad en los próximos ejercicios, todo lo cual triplicaría sus emolumentos anteriores.

El señor Goiri, como le dicen los amigos, dice con su cara de novicio exclaustrado que son "referencias comparables a otras del mercado", pero no nos aclara si entre los objetivos de su entidad está hacer frente a los 24.000 millones de euros que el Estado insufló a Bankia como consecuencia de la crisis de 2008, de la que el principal responsable fue la propia banca con sus prácticas altamente imprudentes y especulativas. (El banco España, por inhibición, así como el Gobierno Aznar, haciendo todo el suelo urbanizable,  también tuvieron su parte de culpa). 

Así pues, creo que algo podríamos decir los contribuyentes, que hemos puesto nuestro granito de arena para reflotar la entidad en la que el señor Rato dio la campanada. Se da el caso, además, de que la SAREB o "banco malo” al que se pasaron los activos tóxicos de Bankia y de otras entidades, lejos de sacar rentabilidad, como prometía el Gobierno de Rajoy, después de quince años arrastra un agujero de 9.700 millones de euros.

Este, según los expertos, seguirá creciendo, pues aún no se ha dado salida a los peores activos, que son los inmobiliarios (solares y viviendas), de manera que no se puede descartar alguna asignación adicional de dinero público en el futuro. Inevitable recordar en esta historia al señor de Guindos, asesor del Banco Lehman bros hasta su quiebra –detonante de la crisis financiera de 2008–, quien, ya como ministro de economía de este Reino, dijo que no habría costes para los contribuyentes con el rescate bancario (como antes había negado que en España hubiera una burbuja inmobiliaria).

Lo más asombroso es que este tipo de sujetos, una de dos, o van a la cárcel o salen disparados hacia cimas políticas. No sabemos dónde acabará los señores Goiri y Gortázar, que, con su consejo de administración, contemplan unos 7.700 despidos en su entidad y no ven lo poco elegante que es triplicarse el sueldo cuando el patio está como está (20.000 despidos previstos n el conjunto del sector bancario). Y ¿qué dice a todo esto el Banco de España? “Prudencia” es lo que pide su presidente Fernández de Cos, el mismo que no hace tanto establecía una tendenciosa y poco prudente relación entre el paro con un salario mínimo de 900 euros (a más SMI´, más paro). Y la ministra Calviño por su parte considera esas subidas “inaceptables”, sin ir más allá.  Del rescate, nada.

“Donde haya tristeza, ponga yo alegría”, decía el santo de Asís. “Donde haya dinero, pondré yo el cazo”, dicen estos desaprensivos. Y, por volver a él, mi abuelo diría: ¿Para qué quieren tener tanto dinero si se van a morir igual?