Mester de "tallería"

Creo que fue en Las clases de Hebe Uhart, de Liliana Villanueva, donde leí la siguiente frase de Julio Ramón Ribeyro: “El hombre es el animal que discute, no el que piensa”. Y me viene muy bien como epígrafe de la columna de esta semana. Y bueno, ya que vuelvo al tema, aprovecho para saludar y dedicarles este “charro de dos orillas” a quienes han formado parte, siguen o se incorporarán a esos ratos de Zoom que tanto disfruto. Gracias.

¿Por qué un poema, una novela, un cuento son buenos? ¿Por qué son muy buenos, ejemplares, clásicos? Salvo las Novelas ejemplares, que lo llevan en el título, en general no es tan fácil de explicar… Y menos en épocas en las que postureos e ignorancia se presumen por igual.

Cuando me preguntan, y ahora que he vuelto a dar talleres es algo que suele suceder, lo primero que respondo es que hay que leer, leer y leer... Y en verdad me lo creo: que la lectura amplía los horizontes, abre nuevas sendas, plantea nuevas preguntas mientras va respondiendo otras y así, pasito a pasito, se va formando el criterio.

El canon en general, y El canon occidental, de Harold Bloom, son muy útiles... para tenerlos en cuenta y, a la vez, si se me permite la paradoja, para discutir con ellos; malo si los tomamos como dogma, bueno si lo usamos como guía del viajero –nostálgica alusión a aquella Guide du routard de mis años mozos: el Google y Google maps de mis primeros viajes–, puesto que nos regalan caminos, tantos como la rosa de los vientos.

Además, hay que tener muy claro que el gusto es libre; otra cuestión es cuando queremos argumentar que un libro, un poema, un cuadro, son malos; se puede, desde luego, pero si a muchos, a lo largo de la historia les ha parecido bueno, hay que rebatir –no a todos, pero sí, al menos, a los argumentos principales, ¿no creen?–.

Incluso, aunque no queramos bronca –ojo, se dice queramos, el tan usado “querramos”, al menos por acá, es carne de [sic], siento decirles– nunca viene mal leer críticas y comentarios sobre ese poema, libro, cuadro… Ahora, con Internet, es casi seguro encontrar alguno y bueno, simplemente, ver si estamos de acuerdo o no y por qué.

Nombres como Fernando Lázaro Carreter, por lo gran divulgador que fue, me parecen imprescindibles. Álex Grijelmo si nos preocupan los entresijos de la lengua, o Benedetti, Paz, Cortázar, Pacheco, así, a bote pronto, si queremos herramientas para desmenuzar lo literario pueden ser muy útiles. Hay muchísimos más.

Insisto, desde la más absoluta humildad y el más pleno afán de nunca dejar de descubrir, tengamos claro que el criterio es de uno, o sea, como el carné, personal e intransferible… Y que la única manera de formarlo, pulirlo y desarrollarlo es leyendo...

Y leyendo.

 

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