Mundo rural

El 17% del territorio español corresponde a prados y pastizales. Entre los terrenos forestales, que representan el 35% del territorio, destaca la superficie ocupada por monte abierto con arbolado maduro de encina, alcornoque, quejigo y rebollo, en su mayor parte dehesas de pasto situadas en el suroeste peninsular, ejemplo de explotación agrosilvopastoral sostenible e integrada. En el caso del monte loso los pastos aparecen salpicados entre árboles de escaso porte o matorrales de carácter mediterráneo

De esta forma, más de la mitad del territorio nacional está ocupado por superficies aptas para uso ganadero, en buena parte aprovechables casi de forma exclusiva por una ganadería extensiva compuesta por razas rústicas. Esta mantiene ecosistemas seminaturales de alta montaña, pastos de diente, majadales y dehesas, así como otro tipo de pastos de origen agrícola (praderas, rastrojos, barbechos, baldíos, etc.).

Las características de los pastos disponibles en los desplazamientos permiten asociar unos determinados territorios a la trashumancia y, si bien esta actividad ganadera se ha visto modificada en distintos periodos, permanecen n ciertas zonas que conservan unos rasgos fundamentales.

Complementariamente, los pastos de invernada, extremos o invernaderos son los territorios a los que es conducido el ganado al finalizar el verano, cuando los agostaderos de montaña se cubren de nieve y la permanencia de ganadería y pastores se hace imposible. Se trata principalmente de dehesas en las que los rebaños permanecen durante la mitad del año hasta la primavera siguiente, momento en el que se inicia el retorno hacia la montaña.

La trashumancia también aprovecha en agostada otro tipo de pastos de origen agrícola. Los rastrojos, residuos de cosecha que quedan en el campo, son pastoreados hasta el laboreo del suelo para el cultivo siguiente; los barbechos, vegetación espontánea que aparece en los terrenos agrícolas cuando, en secano, se deja descansar el suelo durante uno o más años y, por último los eriales a pastos, antiguas tierras agrícolas abandonadas sobre las que  crece una vegetación espontánea objeto de pastoreo que, por sucesión natural puede evolucionar a prados o a pastizales .