Perfida Albión 

- Buenos días, señor Manuel.

- Buenos y santos, amigo.

- Anda que buen “pifostio” ha montado hace unas fechas, el Presidente de “tú” Real Madrid, Don Florentino Pérez y otros Presidentes de Clubes de fútbol nacionales y extranjeros con el invento de esa Superliga de futbol que tanta repercusión ha tenido a nivel mundial…

- Pues sí, ha sido asombroso y desconcertante a más no poder.

- Y tú ¿Qué opinas al respecto?

- ¿Yo? Poco, ya que sinceramente no entiendo mucho de este tema. Pero mire usted, a mí lo que me ha parecido mal es el comportamiento de los 6 Clubes ingleses, que después de firmar el documento de aceptación han salido huyendo de la “quema” a la primera oportunidad.

- Pues creo que no debería extrañarte tanto este comportamiento. Ya que me has contado ¡más de una vez! por cierto, lo que te ocurrió en un viaje que hiciste a Londres donde  te ocurrió algo, una experiencia, del proceder inglés a lo largo de los tiempos.

- Usted como siempre ¡hilando fino! Me da que está pensando en eso tan manoseado de la –PÉRFIDA ALBIÓN-, cuando se quiere resaltar la mala fe del proceder inglés. Por otra parte tan manoseado.

- Pues algo va de ello en mi modesta apreciación. Pues bien sabes que de: “PERFIDIA-PERFIDA-, se dice: “Deslealtad, traición o quebrantamiento de la fe debida” y que-PERFIDO- alguien quien es desleal, infiel o traidor y que falta a la fe que debe. Y ya, rizando el rizo, -PERFIDAMENTE-, es lo que se hace con-PERFIDIA e INFIDELIDAD-…

- Recordaba usted la “historieta” que le conté de mi viaje a Londres, y cierto es que tiene una cierta similitud con esto que los Clubes ingleses de fútbol le han hecho la “peineta” a Don Florentino. Claro es, salvadas las distancias y los campos de juego. Por ello, y también dado qué usted y yo somos muy modorros en esto de contar “cosas” a ser posible, amenas, distendidas y amables me vais a permitir que os recuerde una pequeña historia; de la que se puede “sacar” cumplida moraleja aunque se tenga que leer entre líneas…

                                   “En un viaje a Londres por motivos profesionales; nos alojamos en un hotel estupendo Cumberland en el que no faltaba de nada. Pero el trato de los empleados con los españoles que allí estaban (nosotros más de sesenta), dejaba mucho que desear… vamos, menosprecio total. Así que en un momento determinado y ante un grupo de compañeros me jugué un “farol” y les dije convencido: ¡Esto va a cambiar en cuanto me acerque al mostrado (ver foto), de Recepción!...

Decidido me acerqué hasta allí; muy serio y cara de “mala leche” les enseñe a las recepcionistas una fotografía (ver foto), en la que estaba “su” príncipe Carlos- dándome la mano en el trascurso de una visita que hizo al Ayuntamiento salmantino; cuando yo era Concejal del mismo. Cara de sorpresa, pero la “cosa” funcionó y desde aquel día, el grupo en el Hotel fuimos atendidos con amabilidad, presteza y casi reverencia.

Lo curioso fue que antes de finalizar nuestra reunión, un reportero de un periódico londinense se presentó en el Hotel con una pregunta obligada… ¿De qué conoce usted al príncipe Carlos?

Para celebrar la bonanza en las relaciones de convivencia “hotelera”, los integrantes de nuestro grupo castellano me invitaron a una merienda en el célebre parque de Londres, que estaba aledaño al Hotel Cumberland. Y allí sentados en la verde y cuidada hierba, ante el asombro y envidia de los paseantes la cecina leonesa llevada por Tomás de Godos, previsor él, nos supo divinamente; pues después de unos días a “comida a la inglesa” estábamos muy necesitados. Hubo vino, más bien no recuerdo quien lo llevó. Lo que si siento es, que no se me ocurriera llevar el buen hornazo de Salamanca… eso ya hubiere sido ¡Divino!...

- Bueno… me estás liando; pero la moralejas que saco de todo es que tanto en el caso de Don Florentino Pérez con la Superliga y vosotros con la estancia en el hotel Cumberland hay una similitud en el comportamiento inglés en general.

- Sí señor Manuel, correcto.

- Pues en ese caso, no soy nadie para ello, pero me  permito darle un consejo a Don Florentino, que no es otro qué: “Dime con quién andas… y te diré como te tratan”. Pues eso.