Hoy, tomo el camino del siglo XV

 

Hoy no vamos al río ni a las Cárcavas, hoy tiramos por el camino del  siglo XV. Queda un poco lejos, pero seguro que llegamos al banquete, solo tienes que afilar el oído. Y cuando lleguemos al umbral de una aldea de nombre Macotera, miramos en lontananza: montañas a lo lejos, un monte extenso, más cerca, un río custodiado por chopos, campos manchados de verde, unas huertas en sus aceras y unas casas de barro y tapial de una sola planta y con tejado de teja curva caliente.

Macotera no es un aldea cualquiera, ha sido siempre una aldea grande, la más grande de la tierra de Alba de Tormes. Y no es que nosotros queramos exagerarlo por chauvinismo, ahí están los archivos y las crónicas de antaño que lo cuentan.

Macotera, históricamente, comenzó a andar en el siglo XII, posiblemente, varios años antes, pero no tenemos constancia. Perteneció, ha tiempo, a la villa de Alba. Alba la acunó, la cuidó, la protegió, la controló, la administró y su gente, a su amparo, maduró, hasta el punto de que un macoterano formó parte del Concejo de Alba como sexmero, representante del cuarto del Ríoalmar. Y, en el año 1416, un macoterano fue elegido por el Concejo de la villa alcalde-representante de la tierra en el Consejo de la Mesta: su nombre Juan Velázquez, ganadero honrado y respetado, y poseedor de 425 cabezas de ovino.

En el siglo XV, la tierra de Alba estaba dividida en cuartos: uno correspondía a la villa y sus vecindades; otro se apellidaba “Allende del río Tormes”; el nuestro, “Rialmar”; y el cuarto, “Cantalberque”.

El cuarto de “Rioalmar” tenía el mayor número de aldeas y, entre ellas, ocupaba el lugar más destacado Macotera. Era la aldea que más contribuía; la seguían en importancia Tordillos y Alaraz. En esa época, se desgajaron del alfoz de Alba, Araúzo y Peñaranda.

Nuestro pueblo fue siempre un pueblo agrícola y ganadero. Sus tierras de cultivo se dedicaban a la vid y a los cereales, predominantemente, al trigo, centeno y cebada; no faltaban las huertas con sus árboles frutales en sus aceras y los herrenes. Los montes proporcionaban montanera, madera, leña y carbón, y los terrenos incultos, pastos para el ganado y caza.

Ya hemos dicho que los ganaderos de Macotera gozaron de una gran fama, y, a su vera, van aflorando los laneros, negociantes que mercaban todas las lanas de las aldeas convecinas. El asno y la mula los utilizan como elementos de transporte, y el buey, a las labores del campo y para el tiro de las carretas.

Varias de las aldeas del alfoz de Alba de Tormes de comienzos del siglo XV, se han ido despoblando y se han convertido en fincas de labor y pasto, propiedad de algún hacendado. Y, para completar la información, que presento más arriba, paso a detallaros el nombre de las aldeas despobladas de los cuatro cuartos, en que se hallaba dividido el territorio de la Alba de Tormes.

Cuarto de Alba: las aldeas de Martínvalero, Tejares y Las Huertas.

Cuarto de Allende el Río: Gonzalomuñoz, Torrejón, Martillán, Matamala, Pedro Martín,

Cuarto de Cantalberque: Veguillas, Matarrala, Martín Vicente, Revilla, Velillas, Vadillo, Casasola, Naharrillos, Vercimuelle, Cártala, Berrengada, Gutierre Blasco, Cristóbal Muñoz, Xuharros, Garcigrande, Gallegos, San Mamés, Ximensancho, Carabias, Gómez Blasco, Galindabeja, Santa Inés, San Vellid, Naharrillos y Valdecarrillos.

Cuarto Rioalmar: El pardo, La Granja, La Cida, Xemingómez, Gandul, Matamala, Sotrobal, Araúzo, La Lurda, Bebimbre, Fresnillo y Valeros. 

Hay una noticia que procede de 1430, y que no quiero callar:

 

“Con el objeto de fomentar la austeridad de la villa y su tierra, el Concejo prohíbe consumir algunos alimentos en fiestas y celebraciones sociales, prohibición que no se aplicará si los festejos tienen carácter taurino, se dio un viernes del mes de mayo. Estaba reunido el concejo, con sus regidores, procuradores y sexmeros, en la iglesia de san Juan de Alba. Entre los magnates se encontraba Miguel Sánchez, de Macotera, sexmero de Rioalmar. Manifestaron que, en dicha tierra, se hacían, muchos días, gastos desordenados y, para evitar tales despilfarros, ordenaron que, desde el domingo primero, ninguno sea osado de comer, en la villa y en su tierra, en bodas, cofradías, cabildos, bautizos, mortuorios y desposorios, ave alguna: gallinas, capones, patos y pollos; ni caza alguna: perdices, conejos, liebres ni perdigones, salvo si, en los dichos negocios o en cualquiera de ellos, corrieren toros.

Cualquiera que contra la dicha orden fuere, aquel o aquellos que el tal comer o comeres dieren, paguen 600 maravedís. Un tercio se destinará para los muros de la villa (muralla de Alba); otro tercio se destinará para los propios de dicho Concejo y otro tercio, para la justicia y, asimismo, que cada uno de los que comieren las dichas viandas pague 60 maravedís.

Si, en Macotera, en aquel tiempo, se corrían ya toros, por lo menos, en la fiesta de la Virgen de agosto, se podían consumir capones.