Ciudad Rodrigo al día

 

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Es posible que suponga la primera piedra en una normalidad que tardará muchos meses todavía en conseguirse

Asisto impertérrito al sonido de la corneta que anuncia esta nueva etapa, ilusionante para algunos, cargada de nostalgia y añoranza para otros muchos. Fin del toque de queda, punto y seguido (ojalá fuera el final) dentro de esta pandemia que, pese a lo que piensen algunos, continúa muy presente.

Recuerdo con tristeza todos aquellos artículos en los que he hablado del COVID, en unas u otras direcciones. Todos esos párrafos donde he intentado tratar, con delicadeza y firmeza a un tiempo, el daño que ha causado esta lacra y la esperanza que nos debería de quedar tras ella.

¿Habrá merecido la pena? ¿Cuál será la reflexión final? ¿Hemos aprendido algo? ¿Hay cambio?

Camino por las calles de mi ciudad pasmado ante tanta alegría. Claro que debe de haberla, pero quizá nos encontremos ante una desvirtuación de la realidad. Terrazas atestadas de gente, personas bailando encima de las mesas y unas mascarillas que cada vez cotizan más a la baja. Un pistoletazo de salida necesario para continuar avanzando en nuestras vidas, pero muy triste también. Dejamos atrás muchas vidas y mucho tiempo perdido. Metas y esperanzas de millones de personas que han sido arrebatadas de la forma más despiadada. Caminos cortados que nunca volverán a reabrirse.


Hoy tal vez sea un pequeño paso para un nuevo futuro. Es posible que suponga la primera piedra en una normalidad que tardará muchos meses todavía en conseguirse.

Me invaden sentimientos encontrados, una sensación agridulce difícil de describir. Quizá te ocurra lo mismo. ¿Te has preguntado por qué? Miedo, inseguridad y temor al cambio por un lado. Éxtasis, gozo y júbilo por otro. Eso somos las personas ahora mismo, una mezcla heterogénea que lucha por decantarse hacia un lado concreto, sin querer reconocer que, como siempre, en el centro de toda disputa se encuentra la virtud.

Es momento de proseguir, de retomar nuestras vidas anteriores pero sin olvidar todo lo sucedido. Es momento, en definitiva, de volver. Solo de esta forma podremos hacerlo de un modo adecuado, funcional, vital incluso. La vida nos ha golpeado fuerte, tanto que llevaremos con nosotros cicatrices que nos acompañarán el resto de nuestros días, recordándonos que todo lo perdido tiene que ser motivo más que suficiente para conservar lo que ganemos a partir de este instante.

Sigamos escribiendo la historia con la tinta de aquellos que no pudieron hacerlo.

Nos leemos el domingo que viene por aquí o, hasta entonces, por Instagram (@rubenjuy) y por Facebook (Rubén Juy).