Cartas de los lectores

Emotivo agradecimiento al personal del Hospital Clínico Universitario

Le agradezco de antemano la oportunidad que me ofrece su medio de comunicación para satisfacer mis anhelos. Superados los primeros momentos del fuerte zarpazo que ha trastocado mi vida, no quiero que pase ni un día más sin que mi corazón manifieste lo que lleva dentro durante tanto tiempo. Soy un jubilado palentino que el destino y la pobre salud de mi querida esposa Jesusa Ruiz “Susi” trajeron a Salamanca un lejano día del año 2009. Víctima de una mielodisplasia (MDS) -trastorno ocasionado por la dificultad en la médula para producir células sanguíneas normales-, y para efectuar el necesario trasplante de médula, la derivaron desde el Hospital de Palencia, donde resido, al Hospital Clínico Universitario de esta querida Salamanca, de la que hemos sido vecinos, en forma casi continua, hasta el pasado día 11 de abril, que se me fue de este mundo.

            Tuve la suerte de nacer en un hogar donde se me inculcó la importancia de la honradez, el trabajo, la amabilidad, la seriedad y el agradecimiento. Mi pequeña empresa -taller mecánico- ha servido para rodearme de buenos amigos de todas las clases sociales de mi ciudad. Por si todo la anterior no fuera suficiente, la profesión también me regaló la amistad y el aprecio de los miembros y simpatizantes de la congregación salesiana de Palencia. Ellos son los culpables de la sana devoción que mi familia siente por María Auxiliadora y por toda la obra de Don Bosco. Todo ello ha contribuido a fortalecer mi fe en un momento tan delicado como el presente. Amaba a mi esposa como el que más, ni un momento me aparté de su lado e hice lo posible y lo imposible para que dispusiera de todo lo necesario para superar su enfermedad. Desde el primer momento se nos informó de la gravedad de la misma, pero al mismo tiempo, ha sido tan continua y desinteresada la entrega , la ayuda y hasta el cariño de todo el personal, desde los Jefes de Servicio hasta el personal de limpieza, que nunca podremos acabar de agradecerlo.

            La enfermedad quiso que mi esposa tuviera que pasar más de 10 años recorriendo habitaciones y pasillos de este su segundo hogar para superar toda una cadena de complicaciones que supo franquear con un aguante ejemplar. Durante todo ese tiempo, mi señora y yo nos hemos considerado dos personas más de la plantilla del hospital. Sabíamos los dos que estábamos en muy buenas manos y ese calvario se nos hizo más llevadero. Siempre es bueno forjarse en el sufrimiento porque aprendes a engrandecer el corazón y fortalecer tu voluntad.

            No quisiera olvidarme de nadie para poder dar las gracias con un fuerte abrazo a todos los componentes de los departamentos de Hematología, Trasplantes, Dermatología, Traumatología, Oftalmología, Cirugía, y un largo etcétera en el que debo resaltar a cuatro personas, yo diría cuatro ángeles, responsables de la enfermería en el departamento de Hematología, que extendieron sus alas para que, ni un momento, estuviéramos solos. La casualidad quiso que mi esposa falleciera en mis brazos cuando intentábamos desayunar en una cafetería próxima al hospital, antes de formalizar su ingreso. Llamado el 112, se me invitó a salir del establecimiento cuando pasaba por la acera uno de esos cuatro ángeles. A partir de ese momento tan delicado, ellos se encargaron de todo y, antes de cuatro horas, el féretro ya estaba en Palencia. Ignoro los años que tardaré en reunirme con mi querida Susi, pero quiero que sepan que todo lo que tengo y soy estará siempre a vuestro servicio. Sabéis dónde vivo y mi casa siempre estará abierta para todos.

            A la vez que al hospital, he querido dirigir esta carta también a la ciudad de Salamanca porque me siento impresionado y agradecido después de conocer de verdad a sus gentes. No quiero extenderme en casos particulares, pero son muchos los propietarios de inmuebles y establecimientos de los que hemos sido clientes que nos han tratado de forma totalmente humanitaria y desinteresada, sin conocernos. Salmantinos, mi familia y yo nunca podremos olvidaros. Muchas gracias a todos y hasta siempre.

                                                                       Gerardo Rodríguez Rojo.- PALENCIA