Locos por el arte

Es bien sabido por todos que Salamanca está acogiendo un pedacito del Museo del Prado en la Plaza de la Concordia. Las afluencias son impresionantes, no sabía yo que había tantos interesados por el arte hasta que me encontré a personas de todas las edades entorno a las reproducciones de los cuadros. Esta exposición está siendo un éxito rotundo y eso me maravilla. La divulgación artística es fundamental y se necesitan más iniciativas así.

El arte es imprescindible en la sociedad. No se puede resumir en un cuadro que adorna la pared, sino que trasciende la función estética y ornamental para tocar partes del alma. En eso baso yo el arte, en revolverte los adentros para bien. En descolocarte cuando el orden sea insoportable o en colocarte cuando las mareas son demasiado fuertes. Más allá de los pigmentos, los lienzos están vivos y nos hablan de tantas historias que es imprescindible estar un momento frente a ellos, para escuchar lo que nos tienen que decir. Y de eso estuve hablando con mis amigas que estudian en el bachillerato de arte y que siempre me insisten que me vaya con ellas a analizar cuadros, en vez de seguir calculando la velocidad de caída de las gotas de lluvia.  Yo encantado, por supuesto. A quién le importan los vectores pudiendo elegir analizar un cuadro de Rubens, lo tengo clarísimo.

Mis amigas de arte están aprendiendo muchísimo sobre las excelentes obras legadas por los artistas desde tiempos inmemorables, aunque les cueste mucho FAR (Fundamentos del Arte). Me lo demuestran cada día que salimos y me dicen lo agobiadas que están con el Renacimiento italiano. El viernes pasado, nos acercamos a la Concordia para finalizar como Dios manda una buena tarde una tarde de olor veraniego. Fue ahí cuando sacamos nuestra faceta más culta y nos merecimos volver al siglo del que habíamos sido arrancados, el XVII. Con los últimos momentos de sol, soñamos con pasear con Isabel de Braganza y hablar con ella sobre los planos del futuro Prado. Allí estábamos, disfrutando de nuestra juventud interpretando réplicas a escala. Cada uno sacaba un dato distinto de la obra que teníamos delante y, así, extraíamos una conclusión que explicara cada trazo, cada personaje, cada luz… Una de ellas comentó a la perfección “La Bacanal de los Andrios” de Tiziano, qué maravilla de persona. Yo ayudaba poniendo algo de contexto histórico, explicando los cuadros religiosos o las flores y animales que aparecen en ellos. Todos juntos hacíamos un equipo muy bueno que complementaba los pie de foto explicativos. El que no entendimos muy bien fue el “Jardín de las Delicias” del Bosco, ninguno pudo decir algo del cuadro. Es muy bonito, pero no supimos qué representaba cada uno de los “humanitos” (como mi último examen de física, muy bonito, pero no entiendo nada). Evidentemente, no faltó una sesión de fotos tanto a nosotros como a los cuadros para el postureo. Al fin y al cabo, somos jóvenes, aunque nuestros gustos difuminen la estrecha línea entre los dieciséis años y los sesenta. Eso es lo bueno del arte, no tiene edad.