El ‘síndrome de Norma Desmond’

El canon de belleza ha sido estereotipado, reducido al mero atractivo sexual y convertido en un bien más ofertado por el mercado de consumo. Byung-Chul Han en su ensayo La salvación de lo bello insiste en que “la industria de la belleza explota el cuerpo sexualizándolo y haciéndolo consumible”. La belleza entra en crisis si se somete a la lógica del capital pues pasa a ser un simple producto. Y, ya se sabe que, en nuestra cultura del usar y tirar, cuando por la rapidez de las modas algo deja de servir o simplemente se vuelve viejo, se tira y se compra otro nuevo. Lo mismo ocurre con la belleza y el cuerpo femenino, inmerso en un perpetuo ciclo de juicios tanto ajenos como autoemitidos por seguir la línea del canon impuesto. ¿Pero, cuál es esa línea? Gilles Lipovetsky la analiza en La tercera mujer, un libro con luces y sombras pero sagaz en algunos aspectos como es el del análisis de la entrada de la belleza en el mercado de masas. El filósofo destaca la doble tendencia que se manifiesta como meta: la antiedad y el antipeso. El tándem delgadez-juventud se impone y las mujeres que no lo cumplan estarán entre las no elegidas. Sin embargo, este binomio tampoco es garantía de éxito. A Stacey Stetler no le funcionó. Ella lo tenía y no fue suficiente. En el fondo, nunca es suficiente. El poder coercitivo de las normas estéticas impuestas por los modelos oficiales siempre serán fuente de insatisfacción constante.

“Espejo mágico dime una cosa, ¿quién es en este reino la más hermosa”, se pregunta la madrastra de Blancanieves y se preguntan también todas y cada una de las mujeres que se sacrifican en aras de lograr esa supuesta hermosura. Para ello las protagonistas de Cristina Toledo se maquillan, usan extrañas mascarillas y artilugios opresivos para reducir arrugas o enderezar la nariz, se broncean, llevan tacones imposibles y asfixiantes corsés para marcar irreales cinturas de avispa. Es el Síndrome Norma Desmond que se aferra, cual sanguijuela, al miedo, al pavor de marchitarse y perder la belleza.

La actriz Gloria Swanson encarna en El Crepúsculo de los Dioses (1950, Billy Wilder) a la citada Norma Desmond, una estrella del cine mudo atormentada por los fantasmas de su pasado. Es demasiado mayor para la industria del cine. Su edad la invisibilizan como mujer a pesar de su pasado profesional glorioso. Vive recluida en una mansión abarrotada de fotografías de jóvenes Normas Desmond, un martirio perenne para su psique de mujer que envejece. En un momento de la película, Norma cree que volverá a actuar ante las cámaras y es aquí donde comienza la secuencia de imágenes del sacrificio narradas por la voz en off de su amante Joe Gillis: “Un ejército de expertos en belleza inundó la casa de Sunset Boulevar. Soportó una horrible serie de tratamientos, contaba cada caloría como un atleta preparándose para los juegos olímpicos”. Y así, bajo el Síndrome Norma Desmond, se encuentran las mujeres representadas por Cristina Toledo. Cada una viviendo su particular Sunset Boulevard sometida al chantaje de la belleza.

Las luces de falso neón, la embriaguez de la fama, el bajar las escaleras que conducen al hall amueblado con gusto y lujo, no va evitar que nos sintamos igual que Norma, siempre dispuestas a actuar sin ver el patetismo de un cuello arrugado, frente que marca el paso de decenios primaverales, ni el velo o el sombrero evitan que la diosa de la juventud reviva

Estoy de acuerdo que el paso de los años nos ahoga, que Salomé nos hace aterrizar, ver la realidad y eso nos impide respirar, porque ya no somos aquella jovencita que esbelta cintura, de ojos almendrados y andar saleroso…

Esto sucede diariamente, lo demás, es interpretar un papel, seguir peleando con molinos de viento, como si nuestro alrededor estuviera vivo, como si no faltara ninguno de los arboles que nos dieron su savia. Cerrar los ojos es a veces al igual que sucede a nuestros políticos una razón sin sentido de política.

Les recomiendo el CREPUSCULO DE LOS DIOSES, seguramente notaran parecidos con nuestra vida.

 Norma no ha muerto, todos somos un poco o un mucho el personaje que cada día descendemos las escaleras de la fama, intentando que el maquillaje o las palabras cubran nuestras deficiencias.

¡Ojo con los pruductos milagro y la cacareada “operación biquiny”! Lo importante es nuestra salud.

 

Imagen del ‘Crepúsculo de los dioses’